El Deber logo
30 de octubre de 2022, 4:00 AM
30 de octubre de 2022, 4:00 AM

Por Esteban Farfán Romero (Yacuiba - Gran Chaco)

Entre 1898 y 1899, nuestro país se enfrascó en una conflagración interna civil, en el que dos bandos (uno conservador y otro vanguardista) ingresaron a una guerra civil que tuvo como consecuencia aproximadamente la pérdida de vida de 1.000 bolivianos.

La causa de fondo de esta gresca fue el cambio/retención de la hegemonía política, como resultado del cambio de lugar de la potencia económica. Potosí dejó de ser el generador económico y pasó a Oruro, por lo que poco a poco Sucre perdió poder económico y poblacional, trasladándose a La Paz.

Resultado de ese giro geopolítico, se produjo esta guerra que terminó con el triunfo de los liberales a la cabeza de José Manuel Pando y Pablo Zárate Villca, cabalgando sobre el discurso del federalismo, que estratégicamente fue usado como punta de lanza, y que después fue archivado por los mismos paceños y promotores.

En la actualidad, la historia se repite. Hay una guerra de baja intensidad, con la diferencia que ahora no es con armas de fuego y desembozada, sino controlada, con medios democráticos, con reglas modernas de la política. El poder económico cambió de residencia, y ahora es Santa Cruz, por lo que la nueva hegemonía reclama (como es natural y legítimo) el poder político para sí. Detrás del Censo hay una disputa feroz de élites (cruceña contra la paceña) por la hegemonía política.

El Censo va a revelar y confirmar finalmente esta nueva realidad socioeconómica política que es histórica. La disputa no es solamente por los recursos económicos de la coparticipación, sino, sobre todo, por el poder político. El eje se traslada a Santa Cruz y el futuro es Santa Cruz, porque hay una visión económica política exitosa, que se va a imponer e irradiar a todo el país.

El crecimiento económico de Santa Cruz es impresionante y acelerado, por lo tanto, el demográfico, lo que le otorga un peso político muy importante. Ahora, busca definir un nuevo pacto político con la nueva correlación de fuerzas, y para ello, el Censo es cuestión de vida o muerte.

Luego del Censo, viene el pacto fiscal, el reordenamiento del mapa político (escaños), el coste competencial, la definición del nuevo mapa de la pobreza, y la definición de la nueva ruta de desarrollo y progreso del país.

Lo que me duele hasta el alma, es el triste y patético espectáculo que dieron nuestros políticos chaqueños, al expresar públicamente su apoyo al Gobierno, que en el fondo se opone al Censo, que se resiste con uñas y dientes al cambio que se viene, y que es imparable.

El alcalde de Yacuiba, Carlos Bru (MAS), y el ejecutivo regional José Luis Ábrego (MAS), totalmente desubicados y a contra ruta de la historia, salieron a disparar duro contra Santa Cruz, estrellándose con la historia del Chaco, que siempre ha acompañado la lucha por el 11%, la elección de alcaldes, la elección de prefectos, la autonomía, etc.

Bru y Ábrego pasan a la historia como traidores de su pueblo y de la historia reciente del Chaco, que siempre ha actuado a la vanguardia. Traicionan al pueblo, porque ayudan al Gobierno, intentando detener el curso de la historia, para que la actual estructura no cambie.

Yacuiba y el Gran Chaco debería nuevamente tener como aliado estratégico a Santa Cruz, definiendo condiciones, para que gran parte de la inversión productiva se instale en el Chaco, para que usen la vía de Yacuiba para salir a ultramar con sus productos de exportación a Tartagal y de ahí a los puertos chilenos.

Yacuiba y el Chaco tienen como políticos burócratas, iletrados, ciegos, sin amor por la tierra, sin pasión, sin compromiso, traicionando los intereses del pueblo chaqueño y su historia.

Tags