7 de octubre de 2023, 7:00 AM
7 de octubre de 2023, 7:00 AM

Héctor Garibay Flores es un héroe, de eso no caben dudas: es el hombre que venció a todos, incluso a sí mismo y al Estado.

Lograr que el cuerpo se desplace a buena velocidad a lo largo de poco más de 42 kilómetros es una hazaña en extremo dolorosa, pero acabar el recorrido con casi 3 minutos de ventaja sobre el segundo corredor llegado desde Kenia a Ciudad de México es ya algo extraordinario; que el fuego interior de una persona la mueva a superar a todos los que hubieran realizado la proeza anteriormente… Sí, ¡es para llorar de orgullo!

Sépase esto muy bien: a Garibay lo quemaban dos fuegos, el que lo impulsaba a la inmortal victoria y el que le achicharraba los músculos, la piel y los pulmones. ¡Ese hombre es un héroe! Combatió fuego con fuego y salió vencedor de entre las brasas.

El triple oro de la nadadora María José Ribera en el marco del Torneo Internacional Club Deportivo Da Silva 2023 es también muestra del más puro heroísmo. ¡Tanta disciplina y esfuerzo! Y en semejantes términos se puede nombrar al tenista Hugo Dellien y al piloto de Rally Marco Bulacia, entre varios otros deportistas.

Nos hallamos, entonces, frente a personas que han sido capaces de conquistar lo que queda fuera del alcance de los demás. Son excelentes en lo que hacen y eso mueve, cómo no, a la admiración.

Y aquí es cuando aparece el Estado, para apropiarse del heroísmo de hombres y mujeres imbatibles. Está claro que esto ya sucedía en el mundo antiguo y quizás sea por ello que lo tenemos normalizado: el olympiónike (vencedor en alguno de los juegos olímpicos) era de inmediato asociado a la grandeza de su ciudad-Estado natal y al poderío de sus dioses. Ergo, no era un atleta el que ganaba, sino una cultura y un Estado.

No obstante, en el contexto de un Estado tan débil y enfermo de corrupción como el boliviano, la concepción clásica del heroísmo deportivo ya no puede convencernos. No es posible asociar la grandeza de Garibay a una supuesta grandeza del Estado boliviano; y el que el atleta se vista de la rojo-amarillo-verde, tras consagrarse, parece más un acto de generosidad y desprendimiento, un querer compartir la asombrosa victoria individual con los conciudadanos (aquí cabe recordar que, ni bien le dieron un micrófono, el atleta hizo conocer al mundo el pobre apoyo que había recibido del Estado).

Es heroísmo individual, por supuesto, y no por eso va a dejar de suscitar admiración. Todo lo contrario: lo que Garibay hizo nos representa a muchos bolivianos, en la medida en que, a diario, también logramos superarnos a nosotros mismos y (por qué negarlo) a quienes compiten con nosotros y a las fuerzas que se nos oponen, siendo el Estado la primera de esas fuerzas. Tanto Garibay como nosotros salimos adelante a pesar del Estado y no gracias a él.
Cada vez que un boliviano se propone hacer algo aparece la estructura corrupta del Estado (en todos los niveles: nacional, departamental y municipal) para oponer resistencia y fagocitar al héroe en potencia. Y cuando el héroe se consagra, a pesar del daño que los mordisqueos del Estado le han infligido, este último aparece con migajas para exhibirse junto al campeón.

Convengamos en decir que la escena aquella tampoco resulta convincente. Todo parece indicar que transitamos hacia una concepción no estatal del heroísmo, y no solo porque entre los empleados del Estado casi no se cuentan héroes, a no ser que sus dioses sean la mediocridad y la corrupción. Que no haya lugar a equívocos: nuestros héroes del deporte ya no representan al Estado, sino al pueblo que se labra un futuro con el sudor de su frente, muy a pesar del Leviatán enfermo.

La rojo-amarillo-verde que viste a los héroes tras sus victorias es hoy un símbolo no estatal, más universal de lo que se quiere admitir, símbolo de la lucha de aquellos que se agigantan bajo la asfixiante opresión o el indignante abandono del poder político.

Nuestros campeones son como nosotros, quienes vencemos todos los días en las labores que desempeñamos. Por eso los admiramos, porque nos vemos en ellos, luchando con todas nuestras fuerzas contra gigantes como el Estado.

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