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6 de septiembre de 2019, 4:00 AM
6 de septiembre de 2019, 4:00 AM

Parodiando dos obras latinoamericanas podríamos escribir la triste novela sobre El hombre que odiaba a los árboles y su compañero El hombre que no sabía calcular, en el recuento de la tragedia que vive Bolivia. Muchos no alcanzan a imaginar cuánto significan 1.200.000 hectáreas chamuscadas; quizá dos millones, como dicen últimos informes.

¡Es la superficie de La Paz, El Alto y alrededores! ¡Es la mitad del territorio de El Salvador! Es 12 veces la superficie de El Vaticano. ¡Cómo lloraría la humanidad si fuesen cenizas los palacios y las alfombras, la capilla y los frescos renacentistas! ¿Acaso un árbol no tiene una historia parecida, de vida, de estética, de frescura, de bienestar para los demás?

En Bolivia arden los bosques porque desde el Palacio de Gobierno se alentó una retórica contra las reservas forestales; contra los parques nacionales; contra las áreas protegidas creadas en los 90, cuando Bolivia era más consciente de su naturaleza generosa. En 2011 Evo Morales mandó frenar con grupos de “interculturales” (sofisma para llamar a colonizadores, cocaleros del Chapare) a una marcha pacífica de familias indígenas de tierras bajas.

¿Qué demandaban? Respeto al bosque, a la floresta, al río. Ese agosto fueron asediados, hostigados, detenidos hasta el cerco tenaz de septiembre.

El Servicio de Áreas Protegidas está bajo el mando de Abel Mamani, que carece de trayectoria sobre el asunto. ¿Cuántos guardaparques fueron despedidos? Se han dado muchos pasos para hundir las reservas. Dirigentes de “campesinos” piden una y otra vez que se abra para la explotación agrícola al Madidi, el territorio más diverso de Bolivia, ya amenazado con proyectos de hidroeléctricas.

Mientras los cultivos de coca han llegado hasta Pando, donde actuaba Ademaf bajo el mando del capitán Juan Ramón Quintana.

Hace tres años; hace un año; este enero escribí lo que vi con mis propios ojos, grupos de chapareños abriendo zanjas en el parque nacional de San José, en Roboré, en Santiago de Chiquitos. Se conoce que instituciones oficiales como el INRA o ATT dejaron que los colonos reciban tierras sin coordinar con lugareños.

¿A cambio de votos que alteren las tendencias históricas? Otras entidades acarrearon masistas a la Chiquitania a cambio de parcelas, hoy “chaqueadas”. ¿Algún tribunal los juzgará? Hace 10 años vi letreros por Aguas Calientes dando gracias a militares venezolanos por una acción cívica. ¿Quién lo autorizó? Aterrizaban tantos aviones caraqueños y nadie dijo nada.

Mientras los chinos desangran al Illimani y matan jaguares para ganar unos dólares, calla la viceministra de Medio Ambiente ocupada persiguiendo a opositores. La prensa internacional, incluso medios tan moderados como The Guardian o la DW comparan a Morales con Bolsonaro.

Una nota lo llama “asesino de la naturaleza”. Él apoya sembradíos de coca no de árboles. Mientras su compañero Álvaro García Linera, que ya no sabe ni sumar dos dígitos, ofrece arrasar con la selva (“asunto de los imperios”) y entregar millones de hectáreas por año a la voracidad de ganaderos, sus aliados. Si pierden en octubre no se ocultará el sol; si ganan, arderán los últimos bosques

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