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La invasión de Rusia a Ucrania rebasa todos los límites imaginables. Al feroz ataque por aire, mar y tierra se suman los crímenes de guerra que están ejecutando los soldados rusos, que se unen a las cada vez más osadas amenazas del presidente Vladimir Putin.

Permanecer en Ucrania es verdaderamente un infierno, porque las tropas rusas no han sido capaces de respetar ninguna convención. Han bombardeado hospitales, albergues de niños y ancianos, corredores humanitarios y zonas civiles. Dispararon contra ciudadanos solo por encontrarlos intentando escapar de la guerra y las áreas urbanas quedaron desoladas, convertidas en escombros. A lo anterior se suman las violaciones a mujeres, muchas de ellas niñas y adolescentes que luego fueron asesinadas.

Los hechos se conocen a escala mundial casi en tiempo real. La oposición a la guerra es reprimida en Rusia, mientras que en el planeta son escasos los países que respaldan esa desquiciada conducta.

Entretanto, el presidente ruso no da un paso atrás, a pesar de que sus tropas no consiguieron avanzar y se encontraron con una valiente resistencia ucraniana, comandada por su presidente Volodimir Zelenski, con ayuda de los países que son miembros de la OTAN. No obstante, a pesar de las sanciones económicas mundiales, el cerco a los millonarios rusos y la censura mayoritaria a la guerra, Putin se mantiene firme y decidido a avanzar.

Frente al anuncio del envío de armas estadounidenses a las tropas de Ucrania, Putin advirtió que esa acción desencadenará “consecuencias imprevisibles para la seguridad regional e internacional”. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció que el equipamiento bélico que llegará al país de Zelenski tiene un valor de 800 millones de dólares y es un fuerte refuerzo para la defensa de este vapuleado país.

La gran interrogante es ¿hasta dónde pretende llegar Vladimir Putin? El horror está llegando a extremos y está claro que se están cometiendo crímenes de guerra. La Corte Penal Internacional los define como asesinato, malos tratos, deportación de la población civil de los territorios ocupados, toma y ejecución de rehenes, destrucción de ciudades sin motivo o la devastación injustificada. Ese tribunal también habla de los crímenes de lesa humanidad: violaciones graves cometidas como parte de un ataque a gran escala contra una población civil, asesinato, violación, encarcelamiento desapariciones forzadas, esclavitud sexual, entre otros.

La nueva advertencia de Putin genera el temor de que la pesadilla que se vive en Ucrania pueda trasladarse a otros países a los que Rusia pudiera atacar, aunque su economía está cada vez más debilitada.

Al horror que está dejando esa cruenta guerra se suman los efectos para todo el planeta. Más de un millón de personas son desplazadas de Ucrania, hay un impacto económico imprevisible que llega a todos los rincones del mundo.
Frente a todo eso, es urgente que se sigan buscando salidas para evitar que continúe la agonía de los ucranianos y que se castigue a Vladimir Putin por haber cometido crímenes que la humanidad ya creía superados.

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