Opinión

El humor y la miel

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1 de septiembre de 2019, 3:46 AM
1 de septiembre de 2019, 3:46 AM

Como “oso” soy un adicto a la miel. Como humorista, también. Por eso estoy de duelo. Por las abejas que murieron quemadas, mientras reposaban en los troncos que ardieron en la Chiquitania.

Estoy apenado porque las flores dejarán de ser flores, porque las mensajeras del polen ya no volverán a posarse en sus pétalos, porque las colmenas y los panales son ahora solo cenizas.

El humor es una especie de miel que endulza las situaciones difíciles, viendo el lado positivo de las cosas, pero ¿cómo hacer humor si todos estamos llorando?

El humor es la ruptura de lo real pero no tiene que ser escapista. Podemos burlarnos de logreros sin límites, de protagonistas posando para la foto, pero no podemos reír de lo que nos está ocurriendo; ¡el ecosistema ha sido seriamente herido en nuestras selvas!.

Muchas veces el humor nos permite tener la capacidad de entender esas realidades.

Si, por ejemplo, el encargado de la defensa de la nación, pierde los estribos y trata a sus críticos como tipejos, amedrentando con sacarles la mugre, eso nos causa risa y eso no es humor, eso es indignación. El propósito de ese despropósito es causarnos miedo, pero deben saber los poderosos, que precisamente la risa es la victoria sobre el miedo.

Es una lección muy dura que sería grave no asimilarla, porque no es solamente el incendio de hoy, es la actitud de siempre; la del hombre que mira con desprecio las atrocidades de la vida. Los glaciales del ayer o las selvas de hoy las consume el calor, pero ante nada, está la mano destructora del hombre.

Desde el que tira una bombilla al suelo, desde el que lanza un plástico al río, todos somos culpables. Lo grave es que no percibimos que la Tierra está con una enorme bronca contra la humanidad y empieza a defenderse. No parará, hasta que nos reviente como a un globo.

De las cenizas chiquitanas tiene que nacer la lección que nunca aprendimos. Cambiar para cuidar el gigante hogar que nos cobija.

Es el mañana el que se ha quemado. El mañana pertenece a los nietos que vendrán a heredar un mundo de mierda porque sus abuelos hicieron de él una mierda. (Perdón por la última frase, me la dictó mi suegra). Estamos a tiempo de que vuelvan las abejas para sembrar nuevas vidas, en nuevas flores.

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