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El impulso decisivo al proceso electoral

Viernes, 01 de agosto de 2025 a las 00:00

La cuenta regresiva de cara a las elecciones generales del próximo 17 de agosto entra en la fase decisiva. Al mismo tiempo que se intensifica la campaña electoral, tanto la que busca votos y adhesiones, como la que persiste en dinamitar el proceso desinformando al electorado; se acrecientan también las sombras sobre la tarea del Tribunal Supremo Electoral. Basta un post en redes sociales para abrir un resquicio de duda que oscurezca la minuciosa labor desempeñada por los vocales electorales.


El proceso en sí no ha sido fácil. Con el fantasma del fraude presente y las dudas generadas por la intromisión del Órgano Judicial en las pasadas elecciones judiciales, los miembros del TSE tenían la misión de afianzar cada paso para reestablecer la confianza democrática y demostrar la independencia que les corresponde como Órgano del Estado. Y, a falta de 15 días para la cita con las urnas, es menester resaltar la labor de los vocales.


Tras el incomprensible traspié que supuso la incompleta elección judicial, el TSE optó por la transparencia como opción. Durante este tiempo, incrementó su participación mediática, se mostró mucho más abierto con los medios y más accesible para atender las dudas de la ciudadanía. Convocó una y otra vez a los diversos actores políticos y emitió comunicados esclarecedores de cara al ciudadano.


En este tránsito hacia las elecciones generales, el TSE ha encontrado escollos y trancas que frenaron el adecuado avance. En reiteradas oportunidades, el incumplimiento de acuerdos por agrupaciones políticas, legisladores e instancias judiciales, obligaron a la Sala Plena a tomar decisiones ‘de emergencia’ para no detenerse en el camino. A pesar de esta falta de acompañamiento, el calendario de actividades se cumplió gracias al firme compromiso de los vocales del TSE.


Este recorrido para llegar a la cita electoral del 17 de agosto, no ha estado exento de momentos críticos. Las denuncias presentadas en contra de la habilitación de partidos y agrupaciones políticas pusieron en jaque el proceso democrático y, sobre todo, tiñeron de sospechas la posición del TSE. Los afectados con la pérdida de las siglas bombardearon con acusaciones injustificadas la credibilidad tanto del Órgano Electoral como la de sus integrantes.


Hubo, y hay, más amenazas sobre el proceso electoral en curso. Algunas provienen desde el interior del propio Tribunal y se alimentan por las inquietudes suscitadas a raíz de la baja médica presentada por Oscar Hassenteufel, el rector de este proceso crucial. También persiste la alerta sobre un boicot al ejercicio mismo de la votación. Las declaraciones de Ruth Nina y de otros portavoces del evismo que instruyen a sus seguidores para recurrir a métodos antidemocráticos y violentos para impedir tanto la campaña como el debido desarrollo de la decisiva jornada electoral, prenden las alarmas.  


Los cuestionamientos al padrón, las críticas al nuevo Sistema de transmisión de Resultados Preliminares (Sirepre) y el descuido de las agrupaciones políticas en el acompañamiento constante al proceso eleccionario se han convertido en otras luces rojas.  
Más allá de estos nubarrones que persisten sobre el proceso electoral, tanto la gestión desempeñada por los vocales del TSE como el firme convencimiento de cientos de ciudadanos comprometidos con el cuidado del voto, se tornan en garantes de una elección que abre las puertas a la esperanza para un nuevo futuro en Bolivia. 
 

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