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Es difícil empezar un artículo cuando el tema a tratar es una “desgracia” por la cual está pasando la humanidad con el incendio de la Amazonia sudamericana y más cuando en el país se ha politizado de tal manera que no se toma en cuenta muchos datos científicos y técnicos; así tenemos, que el clima a nivel mundial oscila entre las sequías e inundaciones y este año es uno de los más secos, pero no el peor, tuvimos sequías mayores en 1987, 1998, 2005 y 2010; en esta última se quemaron más de 3 millones de hectáreas de la Amazonia. 

En Bolivia nos olvidamos que estos ciclos del clima mundial están empeorando por la contaminación de los países industrializados, que endurecen las sequías y las inundaciones, los acuerdos y organizaciones internacionales del medio ambiente son solo un “saludo a la bandera” ya que los países ricos no cumplen lo aprobado; es más, EEUU se retiró del acuerdo de París, siendo uno de los que más contamina a nivel mundial.

El chaqueo, es una ‘tradición’ agraria desde tiempos ancestrales y no es como algunos políticos tratan de convencer a la ciudadanía, que se dio a partir de la promulgación del Decreto 3973; esta medida, de ninguna manera se la realiza para deforestar (ampliar la frontera agraria), se aplica para eliminar la maleza del área, terreno o campo a ser sembrado, al mismo tiempo las cenizas que quedan se incorporan a la tierra como un fertilizante o abono natural, rico en potasio magnesio y sobre todo fósforo.

En este sentido, las críticas de los ecologistas radicales no siempre reflejan la realidad, es muy fácil ser ecologistas desde la comodidad de un living bien amoblado, ilustrándose con algún documental de National Geographic, consumiendo alimentos sin gluten, saboreando yogur light y jugos naturales en sus residencias de Achumani, Irpavi, Calacala, Equipetrol o el Urubó; otra muy diferente es pelearla el día a día, buscando la comida en comunidades que no tienen acceso caminero, y sobrevivir con monocultivos y, al no tener acceso a la comercialización de fertilizantes, solo les queda el chaqueo.

Nos dicen que la comida transgénica produce cáncer y malformaciones, pero se oponen a ampliar la frontera agrícola para producir más alimentos orgánicos, nos dicen que la explotación hidrocarburífera daña al medioambiente y a la economía nacional, pero se oponen a exportar carne a China y Rusia (porque las vacas producen CO2, igual a un vehículo), y surge la interrogante ¿entonces de qué vivimos?; la respuesta inmediata y obvia es de turismo, pero hay que recordarles que esta debe contar con la construcción de aeropuertos y caminos, los cuales necesariamente involucrará la tala de árboles.

Nos quieren convencer indicando que somos el cuarto país en deforestación, pero no nos dicen que los países desarrollados ya no tienen bosques para deforestar, porque ya deforestaron todo lo que pudieron en el anterior siglo. Lamentablemente, el desarrollo económico y social es inversamente proporcional a la preservación de la naturaleza; sin embargo, debemos progresar como país y como sociedad planificando y velando por el menor daño posible a la madre tierra.