Opinión

El lastre de la corrupción

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28 de octubre de 2017, 4:00 AM
28 de octubre de 2017, 4:00 AM

Donde se pone el dedo, salta el pus. Esa impresión tiene el ciudadano común cuando se entera de los diversos escándalos que afectan a entidades y empresas estatales bajo administración del Gobierno del presidente Evo Morales. Los escándalos desatados en el Fondo Indígena (Fondioc), Emapa, el programa Bolivia cambia, Evo cumple, Televisión Boliviana, Barcazas chinas, YPFB, Aduana, Vías Bolivia, los 33 camiones, CAMC, Fuerzas Armadas y Lotex, aparecen como los casos más emblemáticos de un fenómeno que se ha transformado en un lastre para la democracia boliviana.

El multimillonario desfalco en el Banco Unión, donde una red de directivos se rifó durante 10 meses unos 37,6 millones de bolivianos (5,4 millones de dólares), señala el grado de descaro e impunidad con que se manejan los corruptos en Bolivia.

Bolivia cayó 14 puestos en el índice internacional de corrupción y se ubica ahora en el puesto 113 del mundo, de 176 países analizados, según el último informe de la organización Transparencia Internacional (TI).

La debilidad de las instituciones y mecanismos de control estatal es uno de factores fundamentales que explican esta proliferación de hechos de corrupción en Bolivia. La crisis del Poder Judicial, afectado todavía por la injerencia del poder político, agrava el cuadro porque genera un marco de impunidad donde los delincuentes saben que, frente a la debilidad de la justicia, se impone la ‘ley del más fuerte’ y del ‘todo vale’.

Si a esto se suma que desde la cúpula misma del poder político se priorice la pelea por mantenerse en el poder de cualquier forma, incluso vulnerando la propia Constitución, antes que la lucha contra la corrupción, el desempleo y la pobreza, entonces vamos por mal camino.

En su último informe sobre la economía mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) alertó que los países de América Latina deben frenar la corrupción si quieren impulsar el crecimiento económico sostenible. Para ello, el organismo remarca la necesidad de avanzar en reformas estructurales que garanticen la transparencia y la eficiencia en la gestión pública.

La corrupción ha estado históricamente en el ADN de la política en América Latina, pero en los últimos años la tolerancia hacia el uso indebido de los recursos públicos ha disminuido, en particular luego de que la constructora brasileña Odebrecht confesó haber pagado sobornos en diversos países para obtener jugosos contratos de obras públicas. El caso se ha transformado en un paradigma de cómo funciona la corrupción en la región.

América Latina, en general, y Bolivia, en particular, tienen mucho por hacer para erradicar el cáncer de la corrupción. Ningún crecimiento económico será sostenible si los Estados no garantizan el manejo transparente de los recursos que son de todos los ciudadanos.

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