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Poe: Diego von Vacano/Docente en Universidad de Texas

“Un revolucionario no es extranjero en ninguna parte y es un patriota en todas partes.” Así nos decía Osvaldo “Chato” Peredo, una de las grandes figuras de la historia boliviana y del Oriente del país. A un año del fallecimiento de este líder idealista, recordamos su legado con eventos en la Universidad de Texas A&M en Estados Unidos.

Vivimos en épocas muy arduas para la democracia. En Estados Unidos, hordas animadas por el expresidente Donald Trump atacaron al Capitolio hace exactamente un año. El partido Republicano está en manos de grupos antidemocráticos que son instrumentos casi personales de Trump, un caudillo populista de derecha.

En Bolivia, desde 2019 se han vivido momentos muy difíciles para la democracia, que solamente ahora con los avances del presidente Luis Arce, se estabiliza poco a poco. La democracia es frágil, y a veces está al borde del colapso porque la violencia siempre es una amenaza. Esta violencia puede llegar con golpes de estado o con mercenarios, como ocurrió entre junio y noviembre de 2020. (https://theintercept.com/2021/06/18/bolivia-exministro-defensa-segundo-golpe/)

Bajo estas circunstancias, donde la democracia siempre está en peligro, debemos recordar a figuras como Chato Peredo, quien, como Marcelo Quiroga Santa Cruz, Domitila Chungara y Luis Espinal dieron todo por la soberanía popular. Sacrificaron la vida sin ningún interés personal o ambición de lucro. Más que nunca, Bolivia y el mundo necesitan recordar a esta clase de héroes, muy diferentes a los caudillos populistas de derecha o de izquierda que se aferran al poder. Así, como cuando cae la noche y el sol se vuelve una estrella más, en su deceso Peredo no desapareció, sino se convirtió en un astro del firmamento.

Por eso, desde este semestre, en la Universidad de Texas A&M, donde existe un centro de reclutamiento de la Agencia Central de Inteligencia, decidimos difundir las ideas de Chato Peredo. Asignamos su libro “Volvimos a las Montañas.” A los estudiantes, muchos de ellos de origen latinoamericano, les sorprendió la capacidad de entrega y sacrificio de Peredo, de sus hermanos y demás compañeros de las guerrillas de Ñancahuazú y de Teoponte.

Muchos otros alumnos y alumnas son de ciudades grandes como Houston, Dallas y Austin, ciudades de mucha riqueza, y para ellos aprender sobre la realidad social boliviana y latinoamericana fue como abrir los ojos por primera vez a algo muy lejano. Muchos de los estudiantes decidieron hacer presentaciones visuales sobre el legado de Chato Peredo en el curso de “Historia del Pensamiento Político Latinoamericano.” Jóvenes estadounidenses deben aprender sobre América latina y sus ideas, pero también sobre héroes como Peredo que fueron una síntesis de lo político y lo moral.

No se debe recordar a Chato Peredo solamente como el “último soldado del Che.” Es verdad que Peredo admiraba mucho al guerrillero argentino. Pero Peredo, con sus ideales claros y conducta ética firme, presenta un modelo alternativo del luchador por la democracia popular. Fue un orientador sin ambiciones personales, que se tuvo que convertir en líder por necesidades históricas. Tomó decisiones ilustradas en momentos claves, como cuando el MAS se dirigía por un rumbo incierto. Volvió al partido cuando este retomó el camino correcto.

Es precisamente en lugares como el Capitolio de EEUU o el centro de Texas, donde existe un gobernador que se ciega a temas importantes como la gravedad de la covid-19 y la voz de los inmigrantes latinos, donde necesitamos el ejemplo de Peredo, como un faro en las neblinas de la antidemocracia.


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