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Hay un grito desesperado en Bolivia, es el que se hace desde el departamento de Beni. En un mes, desde que se reportaron los dos primeros casos, hay 1.097 personas infectadas, en una curva que va creciendo de manera vertiginosa y que ya tiene 67 fallecidos (según el reporte presentado hasta el sábado 23 de mayo). 

Hasta el 19 de abril, Beni era el departamento modelo por el silencio epidemiológico. El 20 de ese mes cambió la historia y ahora esta región, ubicada en la zona noreste del país, vive una de las peores pesadillas. Los casos se multiplicaron en 30 días al extremo de que no se pudo recoger con prontitud un cadáver por falta de féretro. Solo ese hecho muestra la gravedad del momento, en una población poco habituada a ver morir de esa manera a sus habitantes.

El problema es agudo y es reportado desde hace varias semanas. Los médicos enfermaron y dejaron sin personal los hospitales. Cuando todo comenzó había menos de cinco respiradores. El personal de salud pide auxilio por falta de material de bioseguridad, por falta de ítems y hasta de medicamentos. A Trinidad llegaron galenos de La Paz, voluntarios ante la crítica situación que se vive. Ya hay otro grupo que se apresta a partir con la misma misión desde Sucre. Han sido iniciativas particulares, distantes de la acción del Estado para atender la emergencia.

Beni es uno de los departamentos geográficamente más grandes del país, pero está entre los más pequeños en población. Tiene algo más de 480.000 habitantes, de los cuales alrededor de 131.000 viven en Trinidad (donde está el epicentro del problema). El virus ya se ha expandido a otros municipios y existe el temor de que la nube oscura de infección y muerte se propague. Estamos hablando de una región fronteriza con Brasil, que es el país con más casos de Sudamérica. Allí también hay una gran dispersión de habitantes, con una baja densidad; se registra mucha pobreza y una gran cantidad de pueblos originarios de tierras bajas, que se encuentran entre los más vulnerables.

Todo confabula para que este departamento esté siendo uno de los más golpeados. A ello se suma que las pruebas para detectar Covid-19 se deben enviar al Cenetrop en nuestra ciudad, porque no se cuenta allá con un laboratorio y eso significa que los resultados tardan en llegar. Según el reporte del sábado, en Beni hay más casos confirmados que descartados y el nivel de crecimiento de la curva es el segundo mayor, después de Santa Cruz.

Ha transcurrido alrededor de un mes desde el momento en que se agudizó el problema. Ha faltado una reacción oportuna del Gobierno. En este tiempo fue cambiado el director del Sedes y renunciaron otros funcionarios de salud, precisamente por la inseguridad que provoca enfrentar una emergencia así, sin recursos, como ir a la guerra sin armas. Este fin de semana la presidenta pidió que el doctor Óscar Urenda y otros médicos del Sedes de Santa Cruz se trasladen hasta Trinidad a organizar la atención. Pero ya hay más de 67 personas fallecidas, ya hay desconsuelo y desesperanza.

En una situación crítica como la que se vive en Trinidad no se pueden seguir demorando las acciones de emergencia. Es deseable que, de aquí en más, Beni y Santa Cruz se conviertan en la prioridad del Ministerio de Salud, teniendo en cuenta que son las dos regiones más golpeadas por el coronavirus. Lo contrario, seguir postergando la habilitación de ítems, de medicamentos suficientes y de camas en hospitales, será una muestra de ineficiencia e indolencia que no tiene disculpas.

Asimismo, el Gobierno debe actuar de inmediato en otro departamento distante y siempre postergado; Pando también tiene mucho intercambio con Brasil. Allí se deben tomar muchas muestras para detectar el Covid-19. No vaya a ser que haya una explosión de contagios sin que hubiera podido ser prevista a tiempo.