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9 de abril de 2024, 4:00 AM
9 de abril de 2024, 4:00 AM

Carlos Guevara Rodríguez

La conmemoración del día del mar este ultimo 23 de marzo se hizo más amargo aun al recordar el fracaso de la aventura en La Haya que terminó en una derrota por goleada. Añadiendo a nuestra consternación y frustración se constata, primero, que la reivindicación marítima no es una prioridad de este gobierno, y segundo, no tiene idea de cómo proceder para avanzarla.​

Sin embargo, de la amarga experiencia de La Haya surgen aspectos del gobierno del MAS de ese entonces que vale la pena destacar. Resalta su incapacidad de elaborar un plan y una estrategia para avanzar la causa marítima donde podría haberse estudiado con detenimiento y seriedad, como posible componente, una demanda ante La Haya, de ese modo evitando hacerla. La decisión de recurrir a La Haya a todas luces fue fruto de una reacción hormonal e irreflexiva, a su vez consecuencia de la arrogancia e ignorancia de Evo Morales y su entorno, no parte de una estrategia bien planificada.

Porque está claro que nunca se debió intentar llevar nuestra demanda marítima a La Haya; basta constatar la abrumadora mayoría de 12 jueces que votaron en contra nuestra y sólo 3 a favor.

El MAS se caracteriza por la solución fácil y superficial que suele ser un autoengaño de que se ha hecho algo trascendental cuando no es el caso, o cinismo de hacer creer que se ha realizado algo trascendental, probablemente más lo segundo que lo primero. En el caso de la reivindicación marítima esa característica llevó al gobierno del MAS a demandar a Chile ante La Haya, y una vez conocido el fallo adverso, al intento absurdo y patético de destacar en el fallo de la corte la parte donde menciona que “…este fallo no debe interpretarse como algo que impida buscar una forma de entablar un diálogo sobre este asunto entre ambas naciones" como si fuera una victoria, cuando en realidad no es más que una declaración rutinaria, sin ninguna obligatoriedad legal, que se incluye nada más que para cubrir las formas.

Evidentemente, no se tuvo la capacidad crítica de evaluar la verdadera probabilidad de lograr un fallo favorable. No se tomó en cuenta por qué anteriores gobiernos, a lo largo de varias décadas, no demandaron a Chile ante La Haya ni las razones de los abogados que aconsejaron en contra de hacerlo; cuesta creer que no consultaron con expertos en la materia que recomendaron no llevar adelante la demanda, pero si el gobierno de ese entonces no lo hizo entonces sería todavía más condenable su actuación.

La realidad es que Chile, con los famosos 13 puntos acordados con el gobierno de Bachelet, uno de los cuales era el tratamiento del enclaustramiento marítimo, el único verdaderamente importante, no tenía la intención de negociar una salida soberana al mar para Bolivia. El gobierno de Piñera, sucesor de Bachelet, al cerrar la puerta a esa negociación ni siquiera se molestó en darle largas al asunto diplomáticamente para que muera eventualmente de una muerte natural. Ante semejante afrenta y fracaso Morales actuó de forma hormonal: “ahora verán, los vamos a llevar a un juicio”, como si la corte de La Haya fuera una corte en Bolivia donde el gobierno podía determinar el resultado a su favor. Resulta que no se puede “meterle nomas” con abogados cuando el juicio no es ante el sistema judicial local.

Para añadir insulto al daño, demostrando la frivolidad de las autoridades bolivianas, Morales encabezó en persona una nutrida delegación para presenciar lo que sería la victoria de Bolivia sobre Chile en La Haya, aumentando aún más la gloria del gran comandante. La escena de Morales junto a sus áulicos celebrando la pronta victoria en una tremenda comilona poco antes del veredicto resulta bochornosa a la luz del resultado. En cambio, la delegación chilena no sufrió de triunfalismos prematuros y demostró profesionalismo antes y después de conocerse el fallo -a diferencia de la delegación boliviana que daba muestras de su falta de preparación y aturdimiento ante el fallo adverso- y ciertamente no arriesgó la presencia de su presidente aun cuando tenía mucha mayor probabilidad de ganar el juicio, como en efecto ocurrió.

¿Significa el resultado de La Haya que nos debemos olvidar de nuestra reivindicación marítima? La respuesta corta es no. Lograr un acceso soberano al mar nunca fue una función de un resultado legal. Ni siquiera si Bolivia hubiera obtenido un resultado positivo en La Haya se hubiera obtenido una salida soberana al mar si Chile estaba decidida a no otorgarla, ya que en ese caso Chile hubiera podido hacer fracasar la negociación ordenada por La Haya.

La reivindicación marítima de Bolivia es un problema de orden eminentemente geopolítico, no legal. ¿Qué significa esto? Pues que no se puede delegar a un tercero, por más corte internacional que sea, que determine algo que después no puede hacer cumplir a las partes. En las relaciones internacionales, en última instancia, sólo vale lo que decidan los países, ya sea que entren en acuerdo o en conflicto, porque no existe un gobierno mundial que haga leyes y las haga cumplir. En otra oportunidad analizaremos en qué debe consistir nuestra demanda marítima dada esa realidad.


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