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El momento de Santa Cruz

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2 de diciembre de 2019, 3:00 AM
2 de diciembre de 2019, 3:00 AM

La revolución de las pititas fue la apertura de una nueva ruta para los bolivianos. La alegría y el mérito es que quien abrió la senda fue Santa Cruz y su gente. Los cruceños mostraron que una movilización pacífica es capaz de lograr sus objetivos con creces. La perseverancia fue inspiradora para el resto del país. Pero quizás uno de los pasos más importantes que se ha dado en este tiempo es que la voz de Santa Cruz no solo ha sido escuchada, sino que ha sido capaz de liderar una cruzada nacional que buscaba el respeto al voto y a la democracia y que terminó logrando la renuncia del presidente, que no había siquiera considerado la posibilidad de dejar el poder.

Ese reconocimiento en el occidente a las voces del oriente es histórico, porque implica dejar los rótulos oportunistas y que muestra que los ‘cambas’ no son separatistas ni oligarcas, que desde esta tierra nació la propuesta de unidad de Bolivia. Para quienes aún no se han dado cuenta, lo mencionado marca un hito fundamental y señala que este es el momento de Santa Cruz.

Esa certeza debe ser comprendida a cabalidad por quienes ahora lideran a este departamento. No hacerlo es perder una maravillosa oportunidad de transformar Bolivia bajo una mirada integradora, que valore y valide la voz del motor económico nacional, de la tierra que se ha convertido en el ‘sueño’ de millones de compatriotas y el espacio desde donde se está haciendo la nueva política nacional.
Sin embargo, no hay que desconocer que hay obstáculos en ese camino al liderazgo político nacional.

Algunos son puestos cual zancadillas entre cruceños. Otros tienen que ver con las hegemonías de otros departamentos que se van a resistir a perder los espacios de poder y los privilegios que estos aportan. En el primer caso se identifican las rencillas entre los grupos partidarios locales, que en una pugna miope se ocupan más de la descalificación mutua que de la generación de propuestas de futuro. En el segundo, es evidente que para muchos actores políticos nacionales con liderazgo en los que fueron centros de poder, los cruceños como simples instrumentos circunstanciales o, al menos así se lo quiere reconocer, porque en realidad hay un temor latente a que este departamento avance en sus propuestas de país.

En Santa Cruz hay por lo menos tres o cuatro grupos de poder que están desencontrados hace tiempo, quizás desde 2008, cuando fue descabezado el liderazgo de la institucionalidad cruceña. El bloque que controla la Alcaldía de la capital ha tenido rencillas públicas con el bloque que controla la Gobernación del departamento. Es más, pronto quizás se convertirán en competencia de cara a las elecciones subnacionales.

Por otro lado, han trascendido diferencias importantes entre los cívicos y los Demócratas, y se ha visto mayor afinidad entre los cívicos y los miembros de Santa Cruz Para Todos, que tienen su reducto de poder en la Alcaldía. Por otro lado, está el grupo de los seguidores del Movimiento Al Socialismo, que no debe ser desconocido porque ya ganó elecciones en 2014, mientras que en las elecciones de 2019 obtuvo casi un tercio del respaldo ciudadano.

Enfrascarse en lo pequeño bloqueará que los cruceños sean protagonistas del liderazgo nacional; pelear por que unos tengan más o menos espacios de poder, reduce la política al cuoteo que ya nadie quiere en Bolivia. No se les pide que sean amigos, pero lo menos que se espera de las cabezas institucionales es que miren el horizonte de posibilidades que se abre para Bolivia y para los cruceños, antes que seguir en la pugna del poder regional. No hay que olvidarse que ha sido en Santa Cruz donde se ha definido la última elección nacional y será esta región la que determine quién y con qué fuerza ganará la carrera por la Presidencia de Bolivia.

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