Opinión

El nuevo des-orden mundial

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28 de septiembre de 2018, 4:00 AM
28 de septiembre de 2018, 4:00 AM

Estamos destruyendo la única casa que tenemos a pasos agigantados. La democracia está en retroceso frente a los autoritarismos y las concentraciones de poder. El hambre y las enfermedades endémicas se expanden mientras millones de personas migran desesperados de sur a norte en busca de una esperanza de vida. La guerra y el terrorismo ganan terreno frente unos Estados cada vez más debilitados y más incapaces de garantizar la paz.

Así es la radiografía más preocupante del mal llamado orden geopolítico mundial. Es cierto que también la humanidad ha avanzado en el desarrollo de derechos y beneficios para millones de personas. La salida de millones de personas de la pobreza, los avances tecnológicos y la expansión del comercio internacional son parte de este proceso.

Pero la verdad es que los retrocesos son mayores que los avances, especialmente, porque el riesgo para la vida de millones de personas y para la supervivencia del propio ser humano en el planeta es absolutamente real.

El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó esta semana ante la Asamblea General que vivimos un sistema internacional marcado por el caos, donde el signo de la época es la polarización y la confrontación entre grupos cada vez más crecientes de Estados y organizaciones militares no formales.

El diplomático portugués puso el énfasis en la falta de confianza. El mundo desconfía en las instituciones nacionales e internacionales llamadas a resolver los conflictos y abordar las acciones para tratar los grandes problemas de la humanidad: pobreza, hambruna, cambio climático, guerras, migraciones y terrorismo.

Si no encontramos otro planeta, advirtió el fallecido físico británico Stephen Hawking, estamos condenados a perecer, porque la Tierra ya no da para más.

Frente a este diagnóstico, urge la necesidad de reimpulsar las fuerzas y voluntades globales para encarar los cambios de fondo que sean necesarios para frenar este lapidario proceso. En manos de los jóvenes, de las mujeres, de los nuevos políticos y de las organizaciones sociales en todo el mundo está la posibilidad de pensar esas soluciones. En cada ciudad, en cada país, en cada región, se requiere impulsar políticas concretas que nos ayuden a recuperar la esperanza.

Y no esperemos las respuestas solo de los Estados y de la política, cada ciudadano tiene una responsabilidad que debe asumir para que podamos tener un mejor medioambiente, ciudades más habitables y sistemas democráticos más sólidos. Solo así podremos pasar del actual desorden a un nuevo orden verdaderamente humano y solidario.

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