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El próximo 1 de enero de 2022 entrará en vigencia el mayor Acuerdo de Libre Comercio que cambiará el eje del comercio mundial, marcando quizá el inicio del fin de una era dominada comercialmente por Norteamérica y Europa. Se trata de la Asociación Asia-Pacífico conformada por 15 países del Asia Oriental y el Pacífico, que el pasado 15 de diciembre firmaron el Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional (RPEC por sus siglas en inglés), que representan casi un tercio del PIB mundial y cuyo comercio intrarregional ya superaba los 2,3 billones de dólares y se espera crezca en al menos 42.000 millones de dólares producto de la eliminación del 90% de los aranceles y la desviación del comercio de los países no miembros del acuerdo, según un reciente estudio elaborado por la Unctad.

Los países miembros del acuerdo, que ya llevaba negociándose 12 años, son: Australia, China, Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda y las naciones de la Asean: Birmania, Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam, habiendo quedado por fuera la India, que al final decidió no adherirse por temor a su descompensación comercial bilateral con China. Se espera que el acuerdo contribuya a desarrollar las cadenas de suministro que se han visto interrumpidas debido a la pandemia, así como a apoyar la recuperación económica mediante la reducción de aranceles, normas de origen comunes y la codificación de nuevas normas de comercio electrónico.

El nuevo acuerdo, que representa el 30,5% de la economía mundial, supera al Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, ahora T-MEC, que abarca el 28%, y al de la Unión Europea, que representa el 18% del PIB global. Por el tamaño de las economías involucradas es previsible que el mayor beneficio a sus exportaciones lo reciban Japón, China, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda por la apertura del mercado intrarregional sin aranceles; en contrapartida, los menos beneficiados en el corto plazo podrían ser Singapur, Vietnam, Indonesia y Tailandia, que producto de la desviación del comercio podrán ver reducidas sus exportaciones.

Si bien los beneficios mayores derivan de la eliminación de los aranceles de al menos el 90% sobre los bienes comercializados entre los países participantes, así como disposiciones más firmes para abordar las medidas no arancelarias, además se esperan mejoras en áreas como la protección de los consumidores online y de la información personal, la transparencia y el comercio sin papel. El acuerdo también incluye procedimientos aduaneros simplificados, mientras que cerca del 65% de los sectores de servicios estarán totalmente abiertos con más límites de participación extranjera.

La negociación del acuerdo, liderada por China y desechada por Estados Unidos en la gestión del expresidente Donald Trump, marca una visión geopolítica estratégica de consolidación del mercado y la integración económica del Asia-Pacífico bajo la egida del pragmático neo “socialismo de mercado” chino. Esto acelera en buena parte los recientes acuerdos de China con Rusia sobre una nueva regulación financiera internacional menos dependiente del dólar estadounidense y el euro de la Unión Europea, lo cual puede marcar el inicio de una nueva hegemonía económica que regiría en el resto del siglo XXI.

En el análisis de estos nuevos escenarios en la economía y el comercio mundial, vale la pena hacer una introspectiva sobre la realidad y la proyección de Bolivia en los próximos años, para ver dónde podríamos situarnos en ese contexto global. Una primera apreciación podría concluir que en materia de política económica definitivamente corremos el riesgo de quedarnos anclados en el socialismo obsoleto de mediados del siglo pasado que se traduce en estatismo, burocracia y corrupción, contrario al pragmatismo del socialismo chino que apertura su economía a nuevas inversiones a la vez que expande la suya con inversiones en el extranjero, particularmente en Asia y Latinoamérica, y ahora con este nuevo acuerdo, que es el primer tratado de libre comercio multilateral que firma China, abre su mercado y expande sus exportaciones consolidando geopolíticamente una región emergente como el Asia-Pacífico.

En materia de política comercial externa, nuestro país centra parte de su desarrollo en la sustitución de importaciones, en la perspectiva de un crecimiento endógeno, olvidando que nuestra economía depende de su comercio exterior en casi un 50%, pues sin las exportaciones de gas natural y minerales en bruto el Estado moriría de inanición, y sin las importaciones de insumos y suministros no podrían trabajar las escasas industrias del país. Por lo tanto, será importante en el diseño de los planes de desarrollo sectoriales y regionales en concordancia y consenso con todos los departamentos y municipios, ajustar los objetivos estratégicos hacia la “sustitución competitiva de las importaciones” y no a la sustitución per se. Habrá que tener en cuenta que el objetivo no es tener sectores ineficientes y anquilosados protegidos por elevados aranceles, cuyo costo se traslada al consumidor en una subvención indirecta a la ineficiencia. En materia de exportaciones se deberá ajustar objetivos a la inserción del país en las cadenas globales de valor a través de la adhesión al Mercosur y la Alianza del Pacífico.

Antonio Rocha Gallardo es Presidente - CNDA


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