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Finalmente, el expresidente y jefe del Movimiento al Socialismo, Evo Morales, está otra vez en el país y en sus primeras intervenciones públicas ha comenzado a dejar señales del poder que ejercerá sobre el nuevo Gobierno recientemente posesionado el domingo 8.

En su discurso en Chimoré, ante una multitudinaria concentración, Morales reveló que a la una de la madrugada de ese día, miércoles, el presidente Luis Arce lo llamó para debatir con él la designación de autoridades ‘para no equivocarnos’, en palabras textuales del jefe del MAS, y agregó que en la mañana volvieron a conversar.

En el mismo acto, Morales se refirió a las recientes elecciones del 18 de octubre y dijo ‘estas elecciones ganamos más el árbitro’, en referencia al presidente del Tribunal Supremo Electoral, Salvador Romero. Criticó la suspensión del sistema de Difusión de Resultados Preliminares (Direpre) la noche antes del día de elecciones, y también la tardanza de los resultados de boca de urna y el conteo rápido la noche del 18, aunque esto último no depende del TSE sino de empresas encuestadoras privadas que son contratadas por canales de televisión que tienen interés en difundir de manera adelantada resultados no oficiales, basados en muestras de actas.

Fustigó a Romero por no decir nada en la conferencia de prensa que dio aquella noche, lo acusó de haber estado ‘preparando cómo ocultar los resultados’ y aseguró que ‘hasta la última noche de elecciones (estuvieron) tratando de engañar al pueblo boliviano’.

Dicho esto, Morales instruyó a los presidentes de las cámaras de Senadores y Diputados, Andrónico Rodríguez y Freddy Mamani Laura, presentes en el masivo acto, que convoquen a una interpelación o a un informe al presidente del TSE para que responda a esas acusaciones.

El mismo día, el exministro de Gobierno Carlos Romero afirmó a su arribo a Chapare que el binomio Luis Arce-David Choquehuanca ‘es un binomio legítimo que ha ganado por mérito propio la Presidencia y la Vicepresidencia del Estado, pero la dirección política y estratégica del proceso es de Evo Morales’.

Es decir que tan solo tres días después del juramento de Luis Arce como presidente de Bolivia, Evo Morales proporciona elementos informativos para despejar tempranamente las dudas sobre el poder de influencia o decisión que tendría sobre el Gobierno del que fuera su ministro de Economía, ahora presidente del Estado.

Y si hubiera alguna duda de quién manda, el exministro Carlos Romero elige el camino más directo y explícito para afirmar con total seguridad que la dirección política y estratégica la tiene Evo Morales.

Con esos apresurados antecedentes, el país ya puede tener algunas pistas de cómo se desarrollará el trabajo del nuevo presidente, a la sombra del retornado jefe del partido, que podría hacer las veces de presidente del buró político del comité central del partido del modelo de los países con gobiernos socialistas o comunistas, como Cuba.

Al parecer, a Evo Morales no le interesa conducir los hilos del poder de manera discreta, dado que el presidente del país es otra persona, como mandaría un manual de estrategias políticas y comunicacionales, sino que no tiene mayor inconveniente en que sus bases y el país sepan con claridad que las designaciones de autoridades se hacen en consulta con él, y que pese a que formalmente no tiene ninguna autoridad, él puede ordenar a las cámaras legislativas que hagan una investigación.