Opinión

El nuevo rostro del fascismo

El Deber logo
28 de noviembre de 2019, 20:48 PM
28 de noviembre de 2019, 20:48 PM

Es lo que hemos vivido en Bolivia durante casi catorce años: la idea totalitaria de que la democracia y Evo Morales son lo mismo: la personalización del poder democrático.

Se trata del nuevo rostro del fascismo. Caudillos que ingresan por la puerta de la democracia constitucional y destruyen su institucionalidad en el ciego afán de perpetuarse indefinidamente…

Nótese que no es tan distinto al fascismo ya clásico de Adolf Hitler, que también manipuló la democracia constitucional para derribarla; la diferencia contemporánea es que la ruptura de la institucionalidad es más progresiva: intenta “guardar las formas”, usando interpretaciones retorcidas de la legalidad, ignorando resultados plebiscitarios (referéndum), judicializando la política, copando los medios de comunicación, estigmatizando con adjetivos muy anacrónicos pero relativamente populares a todo el que disiente… - “¡Imperialista!”, “¡Capitalista!”… y, paradójicamente “¡Facho!” –, con el telón de fondo de una matriz ideológica típicamente ¡fascista!, a saber: “Raza”, “Nación”, “Tradición”, “Historia” (¡Esta semejanza es lo definitivo!)

No estamos ni siquiera frente al discurso marxista, que es más universal y menos chauvinista. Estamos, sin embargo, frente a procedimientos que también se adscriben al envilecimiento progresivo del sistema democrático de derechos y garantías Constitucionales a través de los métodos consagrados por el estalinismo, que incluyen purgas periódicas al interior del Partido Único y del conjunto de la sociedad, bajo el manto de una figura providencial, redentora, que pertenece a la religión moderna del caudillo político – “Divino”, no humano, para decirlo en términos de Vargas Vila…

En este contexto, como se resumiría coloquialmente, “nada nuevo bajo el sol”.



Tags