OpiniónOPINIÓN

El ocaso de Arce Catacora

Sergio Villarroel Böhrt/Viceministro de Política Tributaria

El Deber logo
20 de abril de 2020, 20:52 PM
20 de abril de 2020, 20:52 PM

En días pasados salió a la luz un video del ex ministro Luis Arce Catacora donde se lo ve titubeante, inseguro, leyendo pausadamente un texto previamente redactado con un sinnúmero de propuestas que llegan a destiempo para enfrentar la pandemia. Lejos quedó aquel encantador de serpientes, que con una mano alzada y voz altanera se adjudicaba logros provenientes de una extraordinaria coyuntura económica externa, mientras con la otra mano proveía de vastos recursos a su jefazo para alimentar sus aires de grandeza.

No cabe duda de que dicho video fue elaborado por órdenes del ex Presidente que huyó a la Argentina, sin duda reclamando a su soldado del proceso de cambio por el largo silencio y letargo propositivo en el que se encuentra sumergido desde hace ya varias semanas. Si bien se podría ahondar bastante en las medidas propuestas, en esta oportunidad quiero referirme únicamente a la sugerencia de incorporar un impuesto a las grandes fortunas o a la riqueza, dado que actualmente es la que atañe a mi cartera de Estado.

Dichos impuestos a la riqueza son muy escasos en todo el mundo debido a sus serias limitaciones, solo seis países de la OCDE (de 35 miembros) y cuatro países latinoamericanos (Argentina, Colombia, Uruguay y Guyana) los implementan. 

Según investigaciones difundidas por el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias en 2018, las recaudaciones por este concepto llegan a ser muy poco significativas, debido a las fuertes distorsiones ocasionadas por las exclusiones y exenciones a las que debe estar sujeto, como por ejemplo: vivienda habitual, activos financieros públicos, participaciones en sociedades, elementos de ahorro previsional, etc. 

Además, la definición del umbral, a partir del cual debe ser cobrado el impuesto, es muy variable y no existe todavía un criterio consistente ni racional a nivel mundial. Más aún, hasta la fecha no existe una pauta clara en cuanto a la configuración de la alícuota, habiendo algunos países elegido tasas únicas frente a otros que las prefieren en escalas progresivas. Es por todo esto y mucho más que en los ámbitos académicos se lo considera como un impuesto ineficiente, que acarrea efectos negativos sobre el crecimiento económico, la inversión, el ahorro e inclusive sobre el emprendimiento.

Pero al margen de que esto sea una mala idea, hay que recordarle al señor Arce Catacora que él es el menos indicado para sugerir reformas tributarias, ya que durante sus 14 años de gestión solo se aventuró un par de veces a introducir nuevos impuestos, a saber: el 2012 de manera temporal (con la Ley 291 de Modificaciones Presupuestarias) el impuesto a la Venta de Moneda Extranjera y el 2010 (con la Ley 60 de Juegos de Lotería y Azar) los dos impuestos al Juego. 

Tan desastrosa fue esta última medida, entre otras cosas por las migajas recaudadas, que su propio Tribunal Constitucional masista falló en su contra el 2017 emitiendo la Sentencia Constitucional Plurinacional N° 0095, donde se declara la inconstitucionalidad de dos artículos (el 37 y el 38) referidos precisamente al hecho generador y a la Base Imponible del Impuesto al Juego. Por supuesto, nunca acató esta sentencia del Tribunal, tal vez porque sigue digiriendo cómo sus propios correligionarios fueron capaces de instruirle que rehaga un trabajo defectuoso.

Por el resto de su vida, las acciones irresponsables (como financiamientos insulsos que aprobó) y frases célebres (como la canasta familiar a Bs 100) del señor Arce Catacora, serán la sombra de todo lo que él emprenda. 

Pero más duro aún, será tener que contemplar con asombro cómo su némesis le enseña día a día y de manera humilde e intachable, la forma en que debe actuar un verdadero Ministro de Economía y Finanzas Públicas.

Tags