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Las dos últimas semanas con el paro convocado por los gremiales y transportistas apoyados por los comités cívicos, pero principalmente por la población boliviana, se han desnudado situaciones que, si bien ya se sabía y tal vez analizado, mostraron la realidad política que vamos viviendo en los últimos tiempos.

La pregunta de cómo ha sido posible que una Ley (la 1386) se hubiera aprobado y sancionado en agosto de este año sin que los diputados y senadores de las agrupaciones ciudadanas con representación parlamentaria llamadas de oposición no hubieran gritado las alarmas del contenido de esa ley y las consecuencias para la ciudadanía en general. Podrán argumentar que se manifestaron y reclamaron hasta desgañitarse durante la consideración de esa ley dentro de las paredes de las cámaras de Diputados y Senadores, la realidad es que el pueblo no se había enterado y lo hizo después de más de tres meses de su promulgación ante los análisis del contenido perjudicial para el pueblo en general de esa ley.

¿Qué pasa con los representantes nacionales que fungen como senadores y diputados de oposición? De inicio, son representantes designados por agrupaciones políticas, pero no por verdaderos partidos políticos que tengan ideología, formación programática y respaldo en su actuación parlamentaria. Reconocemos que los senadores y diputados actuales hacen lo que mejor pueden hacer según su leal saber y entender, pero sin esa formación ideológica que les da un partido político. Las agrupaciones políticas ciudadanas actúan de acuerdo a las circunstancias, reaccionan de acuerdo a lo que se presenta ese momento, no tienen ningún sustento ideológico y de formación política. Lo que no ocurre en la vereda del frente, en el que el partido de gobierno no solo es un partido político con ideología y pensamiento único de acción, también es un movimiento que mueve masas, lo que le da un plus político preponderante.

Quienes se hacen sentir para contrarrestar esa avalancha de leyes, disposiciones legales y otros, impuestos por el partido de gobierno, es el ciudadano común, el ciudadano de a pie, que aglutinados en corporaciones gremiales o de transporte y con la participación de instituciones cívicas, enfrentan la avalancha de ese movimiento que tiene el poder. Hace sentir su presencia, hace respetar sus derechos constitucionales y consigue y obtiene lo que reclama, a través de acciones de hecho como los paros y los bloqueos, que en este caso, se hace más de tres meses después de vigencia de la Ley 1386, justamente porque los que debieron en su caso alertar y hacer conocer desmenuzadamente los argumentos dañinos de esa norma legal, que eran los diputados y senadores que tuvieron que participar en el tratamiento de la misma, no lo hicieron y tampoco sus agrupaciones políticas que los respaldan, porque seguramente estaban distraídos en reclamar o argumentar otras cosas.

Ya se sabía, pero se confirma que hasta mientras no exista un nuevo pensamiento político o varios, con ideología y formación programática, con proyectos para encarar a largo plazo la conducción del Estado, que responda a las actuales necesidades políticas del país con un plan y proyecto político e ideológico, será difícil estructurar una oposición seria. Necesitamos estadistas con visión de construir un país, no caudillos que actúan por reacción, no por previsión y menos visión de futuro. La realidad es que va a seguir siendo muy difícil, con la única verdad irrefutable que al final es la voz del pueblo que actúa de manera directa, ante la falta de partidos políticos serios y con ideología.

Fernando Rodríguez Mendoza es Abogado


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