Gelo Andrés Wayar | Abogado
Uno de los síntomas más elocuentes de la quiebra moral de la cultura actual es una cierta actitud que está de moda en relación con las cuestiones morales y que se puede resumir como: “No hay negros o blancos, sólo hay grises”. Ayn Rand.
Dada nuestra condición de animales racionales, el debate de ideas y la contraposición de criterios sobre dichas ideas son la única forma que tenemos para construir una mejor vida y una mejor sociedad. En dicho contexto, en una excelente iniciativa de “El Deber” (de forma conjunta a otras instituciones), se viene realizando un programa denominado “El 6 a 1”. Programa en el cual se busca debatir ideas con el objetivo de encontrar soluciones para la histórica crisis de la sociedad boliviana”. Es así que, en el tercer episodio, invitaron a una Senadora del Estado Plurinacional, quien, más allá de las contradicciones evidentes y casi inmediatas en las que incurrió, dejó sentada una moral gris por parte de un grupo de opositores que buscan una salida “Salomónica” a la crisis, dejando en claro que “nada es negro o blanco”. Nada más peligroso que ese discurso.
El ser humano es un ser racional que debe pensar para (i) sobrevivir y (ii) alcanzar su felicidad. Dicha racionalidad es volitiva, es decir, uno debe elegir pensar y hacerlo no nos garantiza que no nos equivoquemos; no somos infalibles. Empero, el uso de la razón es la única vía que tenemos para sobrevivir y ser felices (de lo contrario, la muerte es el resultado final y natural de no pensar). El hecho de que podamos equivocarnos no es argumento suficiente, menos correcto, para decir que “no todo es negro o blanco”. Hacerlo, sería caer en una tremenda contradicción y en una falacia deshonesta. Explicamos.
Si uno afirma que “no todo es blanco o negro”, deja en evidencia que conoce el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, pero, pese a ello, elige el gris: el medio entre el bien y el mal. ¿Qué cree usted que puede resultar como consecuencia de elegir algo que no es ni bueno ni malo (nótese la contradicción)?
Si uno sabe que es lo correcto y lo incorrecto para resolver una crisis, sobre todo desde un aspecto moral; si uno sabe lo que está bien y decide hacer algo diferente a lo que, justamente, esta bien, deja en evidencia su carácter inmoral y, ello, debe ser un llamado de atención a quienes, en agosto, vamos a elegir a las futuras autoridades.
Existe un problema aún más profundo en afirmar que “no todo es blanco o negro”: la pretensión de apagar la mente humana para no ver el bien y, de alguna forma, encontrar refugio moral en el gris. Esto solo denota la pobreza intelectual y cobardía moral de quienes buscan apagar su motor vital por conveniencia y negar la posibilidad de alcanzar el bien, sino, también, nos alerta sobre las verdaderas intenciones de dicha persona en política: solo buscan votos, es decir poder sobre nuestras vidas.
Nótese que los defensores de la moral gris califican al bien como “extremismo”. Se verá así que se califica como “liberal extremo” a alguien que defiende su libertad sobre su propiedad y denuncia el intento del Estado de entrometerse en su vida personal al redistribuir su riqueza. La cuestión radica en la inmoral tergiversación del bien; en ese intento desesperado de calificar al bien como radical para desprestigiarlo. Ello es muy peligroso en política, pues busca negar la realidad misma (recordemos que la última autoridad en moral es la realidad) y si negamos la realidad, las consecuencias de ello nos pasarán por encima destruyendo todos nuestros sueños y el posible bienestar alcanzado con trabajo y esfuerzo. De hecho, la crisis que vivimos hoy en día es una muestra clara de ello: 20 años de negar la realidad y las consecuencias de ello nos llevan a la peor crisis económica y social en los últimos 40 años y, muy probablemente, de toda la historia de Bolivia.
En ese sentido, esta clase de discursos se justifica, también, en la idea de conseguir votos. “Debemos sacar al MAS del gobierno”, se afirma. Y es cierto, si queremos un país donde se pueda vivir. Sin embargo, cabe la necesidad de recordar que es obligación moral del político decir la verdad, más aun cuando la situación es tan grave. Se debe ganar las elecciones, es cierto. Pero se debe ganar sin mentir al ciudadano; se debe ganar de forma moral, pues en dicha moralidad se encuentra la legitimidad que se necesita para realizar los cambios que requerimos para no hacer maletas y migrar obligatoriamente.
En política, lo moral es lo más importante, es la base del futuro que vamos a elegir y quien le afirma a uno que no se puede hacer política siendo moral es un inmoral que debemos denunciar (el jefe de la propaganda nazi decía: “miente, miente que algo quedará”). En política, como en el resto de nuestra vida, solo tenemos dos opciones: Blanco o negro, correcto o incorrecto, el bien o el mal. No existe una tercera vía. No cometamos los errores que se cometieron en otros países (Venezuela, Alemania, Italia) que los llevaron a un mal indescriptible por no tener la valentía de ir por el bien de forma innegociable.