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Se lo puede comprobar, sin lugar a dudas, vivimos en el tiempo de los pesimistas, hemos dejado caer los brazos, no nos importa lastimar con las palabras, con la actitud indiferente; cada día, nos queremos menos, nos quejamos de todo, no hacemos planes y dejamos pasar la vida como una película decadente, borramos los buenos recuerdos y nos sentimos en una absoluta soledad espiritual. Dicen que en literatura, el pesimismo divierte mucho más, aquel pesimismo con humor negro, aquel pesimismo que mata a los lectores porque el autor ya se ha suicidado muchas veces. La sangre brota de cualquier espacio, desde las paredes resbalan y forman un charco de muerte y abandono. La muerte es la victoriosa en esta batalla que vence a la vida. Los pesimistas, ven la muerte como una liberación, no le temen, la enfrentan. Los pesimistas no esperan nada de la existencia, simulan una sonrisa para demostrar su fuerza de voluntad. He conocido muchos pesimistas a lo largo de mi vida, me parecían bichos raros, ahora entiendo y me contagio de ellos. El pesimismo desahucia las cosas antes de iniciarlas.

Estamos viviendo “una crisis del comportamiento”, el pesimismo nos va arrastrando a todos hacia un pozo sin fondo. El desánimo y la impotencia, herederas de la depresión. Es que las noticias no son buenas, el aire que respiramos no es puro y el agua se va consumiendo. La contaminación está en constante amenaza, los depredadores y cazadores de animales, en pleno siglo XXI, siguen destruyendo a los pocos seres vivientes que quedan, la humanidad reclama ante oídos sordos, la corrupción ha convertido al planeta en un mundo descreído, en un mundo muerto. Los gobernantes del mundo y su alocada manera de conducir las naciones, como dirían en el país del norte, “negocios son negocios”, no importa el daño que aquello signifique.

La batalla de las mujeres por un mundo de igualdad, soportando el odio y la muerte, todos los días, en cualquier lugar del planeta, una estadística escalofriante, cifras que no alcanzan a contarse. ¿Es posible vivir con optimismo ante un mundo desconcertante, que no da tregua, ni oportunidades a los más indefensos del planeta? No quisiera cerrar todas las puertas, tampoco entraré por la ventana, capaz me encuentre con la muerte en mis narices. Entonces, ¿qué hacemos? Rendirnos, no sería lo justo. La vida es la razón por la que estamos aquí, aunque sea observando cómo se destruye la humanidad. Entendamos que a pesar del pesimismo, quién sabe haya una llave escondida que nos devuelva la fe. Los escritores, hagamos luz con nuestra palabra. La tiniebla que algún día llegará, será eterna.

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