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Con buenos auspicios, la Policía boliviana está estructurando un nuevo y ambicioso plan de seguridad ciudadana para Santa Cruz; se trata de un diseño que perfila un procedimiento de planificación para erradicar de manera efectiva los crímenes y que busca neutralizar la delincuencia. No solo demanda mayor presencia policial en las calles, sino también una meticulosa distribución de efectivos por zonas, además de participación de la sociedad, siguiendo los lineamientos estratégicos de la institución del orden. Es un proyecto inédito en Bolivia, pero ya se ha ejecutado en otras naciones del continente, por la idoneidad de sus lineamientos.

Amerita recordar que ya se implementaron varios planes de seguridad ciudadana para Santa Cruz, fundamentalmente para la ciudad capital. Se trataba de planes de contingencia y de corto plazo, de manera que, sensiblemente, los resultados positivos o negativos se han diluido en la bruma del tiempo. Hubo también otros planes más ambiciosos, pero no tuvieron el apoyo institucional de largo plazo ni los recursos sostenibles. Lo cierto es que, pese a estos esfuerzos, la incidencia del delito y del crimen se viene incrementando, originando preocupación 
ciudadana.

El Comando Departamental de Policía y específicamente la Felcc consideran que es prioritario un plan de seguridad ciudadana que apunte a mayor efectividad, a fin de garantizar seguridad y tranquilidad en Santa Cruz de la Sierra, ciudad que está experimentando una explosión demográfica, sustentada en la migración, que conlleva lógicas demandas de servicios básicos y obviamente de seguridad.

Esa expansión territorial originó insuficiencia de recursos humanos, logísticos, económicos y de infraestructura para combatir la delincuencia, la cual ha tenido un incremento. Por ello, el nuevo plan a diseñar, denominado Plan Cuadrante, genera muchas expectativas.

Planes similares tuvieron éxito en países como Perú, Chile y Colombia, considerando las características de cada país. El intento de su aplicación en Bolivia es referencial y novedoso, pero con mayor exigencia que otros anteriores dado el recrudecimiento del crimen. El requerimiento de aplicar la estrategia preventiva y la proximidad social debe ir unido a una mayor presencia policial en las calles, por una parte, que, sumada a la participación ciudadana con recursos tecnológicos y de solicitud de auxilio inmediato, permiten la disuasión del delito. 

Para ello, por supuesto, no solo hace falta una zonificación planificada, sino también la dotación de recursos necesarios para cumplir los objetivos, a lo que se suma pronto la aplicación del BOL-110, que convierte a Bolivia en el país más seguro de la región, mediante la integración tecnológica, cámaras de videovigilancia con reconocimiento facial, reconocimiento de placas de vehículos radiotransmisores, botones de alerta, buses inteligentes y otros motorizados, además de una política institucional de una Policía del pueblo y para el pueblo. 

Para ese fin, se precisa la participación social, institucional y de la ciudadanía, todos trabajando de forma conjunta y coordinada. En fin, este novedoso plan requiere de ineludible organización vecinal y coordinación con los municipios y el Gobierno central actuando en cuadrantes donde todos participan haciendo realidad el objetivo. Eso implica la aplicación de la frase: “Policía somos todos” y que se marginen posturas mezquinas e indolentes en pos de un objetivo común.

Desde luego un plan de seguridad de esta magnitud requiere cuantiosos recursos de toda índole. Se busca consolidar una auténtica seguridad ciudadana, lo que amerita asumir responsabilidades integrales, a fin de que la lucha contra el delito sea total, eficaz 
y permanente.

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