Escucha esta nota aquí


El transporte pesado del país mantenía hasta ayer bloqueada la carretera que une a La Paz con Oruro, Cochabamba y Santa Cruz en protesta contra la reactivación del ferrocarril entre Arica y La Paz, que volvió a funcionar esta semana después de 16 años de paralización de actividades.

Dicen los transportistas que no se les tomó en cuenta en este proyecto y que sienten que el negocio del transporte pesado se verá afectado con el funcionamiento del ferrocarril.

Los dirigentes del transporte pesado aseguran que no hay un exceso de carga entre Arica y La Paz y que Ferroviaria Andina, la empresa que administra el ferrocarril, tiene previsto transportar más de 5.000 toneladas, lo que, en su opinión, los dejaría sin trabajo en esta temporada en que la carga disminuyó considerablemente.

En tanto, la empresa ferroviaria sostiene que el tramo Arica-La Paz brinda una oportunidad de mejorar el comercio exterior del país porque cuantas más opciones de transporte tengan los industriales, más competitivas serán sus operaciones.

El tramo ferroviario tiene una capacidad de transporte entre 350.000 y 400.000 toneladas por año y se requieren de 200 vagones en ambos lados de la frontera, porque en el lado chileno opera una empresa y en el lado boliviano es otra.

La empresa asegura que, si bien es verdad que en este tiempo de pandemia hay poca carga, eso no va a durar para siempre y que con la recuperación de la economía global también los volúmenes de carga volverán a subir.

Hasta ayer había varios puntos de bloqueo en las regiones paceñas de Vilaque, Huarina, Laja y otros en el departamento de Cochabamba, y las salidas de buses de La Paz hacia el interior del país estaban suspendidas.

Los exportadores, en tanto, vieron con buenos ojos la reapertura de la vía férrea Arica-La Paz porque esta nueva alternativa para el comercio exterior boliviano mejoraría las condiciones de competitividad de las exportaciones y contribuiría a la recuperación económica en este tiempo de crisis.

Para ellos, tanto el transporte carretero como ferroviario son complementarios y la carga de comercio exterior utiliza ambas opciones, por lo cual no debiera existir mayor preocupación de los transportistas pesados.

Lo preocupante de las medidas de protesta de los transportistas es que más allá de que ellos mismos se perjudican por los bloqueos que les impiden trabajar, es que pretenden imponerle al país el monopolio del transporte de carga. Su rechazo al transporte ferroviario es una posición gremialista que cuida solo los intereses sectoriales, y no considera que los países tienen necesariamente más opciones de transporte que solo el del transporte terrestre por carreteras.

Su posición intransigente, habitual en este sector que confunde su rol en la economía y se considera poco menos que propietario de carreteras que ellos no construyen ni mantienen, no contribuye al esfuerzo común que todos los sectores productivos deben tener en este tiempo para empujar de manera coordinada la economía hacia arriba, para salir del gran pozo al que cayó por la pandemia del coronavirus.

En horas de la noche de ayer, finalmente los transportistas se salieron con su gusto y en la reunión con el Gobierno lograron la suspensión de las pruebas técnicas en el tramo férreo Arica-Viacha, es decir, consiguieron que el ferrocarril paralice sus operaciones que apenas estaban por comenzar después de 16 años. Solo después de ese compromiso decidieron levantar las medidas de presión.

Quedó así demostrado una vez más que en el país mandan los gremios asociados al partido de Gobierno con sus chantajes, y que el Gobierno tristemente en esa materia es más débil que una hoja al viento. Más valen los intereses corporativos que el impulso de la economía del país y la gestión de un país con sus expectativas de crecimiento económico. Una lástima.

Comentarios