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¿El populismo autoritario trae el fin de la democracia liberal?

Fernando Prado Salmón 16/11/2020 05:00

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Durante muchos años estuve convencido que la ideología era lo que primaba en la política y en la conducción de los pueblos. Habían políticos y partidos de derecha, así como de izquierda y era claro lo que cada uno propugnaba, que además coincidía con lo que proclamaban eran sus valores; programa y valores coincidían, no había lugar a confusión. Sin embargo, en los últimos tiempos esas mis convicciones han comenzado a entrar en crisis y explicaré por qué.

Evo Morales es antimperialista y Trump representa el imperio, son ideológicamente contrapuestos; sin embargo, tienen unas coincidencias en su modo de gobernar que son impresionantes. Para empezar, ninguno de los dos quiere dejar el poder. La atracción de Trump por Putin o por el presidente/emperador de Corea del Norte y hasta por Maduro es innegable, no obstante que se encuentren en los extremos ideológicos. ¿Cómo se explican estos fenómenos?

He llegado a la conclusión de que una cosa es lo que dicen, es decir una cosa es su ideología y su programa, pero otra es su forma de gobernar, es decir su concepción del poder y los medios para consolidarlo. Parece ser que el perno del accionar político ya no son los valores ni la ideología, es el acceder al poder y no abandonarlo más. Se consolida así el populismo como estrategia para obtener el poder, una antigua praxis que vuelve de moda y que puede ser adoptado como forma de gobernar por la izquierda o por la derecha. Es instrumental.

Ante esta arremetida autoritaria y violenta a todo nivel, yo creo honradamente que la democracia liberal que consiste en la delegación del poder mediante el voto cada cinco años ya no tiene la capacidad de defenderse, como sucedió en Alemania e Italia en los años ´20 del siglo pasado, pues sus enemigos ya saben cómo penetrarla, usando la misma democracia para apoderarse no solo del poder político momentáneo, por cinco años, sino apoderase de todo el poder y para siempre. Ya lo dijo García Linera después de la victoria electoral: “ya tenemos el poder político, ahora nos falta el poder económico…” y se olvidó de decir que también irían detrás del poder total sobre las ideas y las instituciones de la sociedad civil.

Así como están las cosas, el proyecto político del Foro de San Pablo, al haberse adherido al populismo como estrategia para llegar al poder y quedarse, ha copado muchas instituciones internacionales, dejando aparte toda apariencia de expresión democrática y se ha convertido en la herramienta de consolidación de una nueva forma de autoritarismo, con ropaje de izquierda, pero con el viejo y conocido contenido de asalto al Estado y creación de grupos organizados que monopolizan el poder tan conocidos en América Latina.

Los valores del populismo son los que se necesitan para tomar el poder: la acción en las calles, la toma de instituciones para el poder total, la glorificación de la violencia, el “derecho” a los recursos públicos y su manejo inescrupuloso, el uso del racismo, de la “posverdad”, el concebir solo “amigos o enemigos” y la lista puede seguir. Estos valores están en contraposición con los valores liberales, que corresponden a las clases interesadas en la estabilidad, que claman por el cumplimiento de las leyes, la paz social, las libertades individuales, la libertad política y económica frente al Estado, la independencia de poderes valores todos llamados “pequeño burgueses” por Lenin. Y ese es el enfrentamiento y el drama que viviremos los próximos cinco años: no izquierda ni derecha, sino dos distintas culturas políticas, dos distintos conjuntos de valores.