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Con este título hemos publicado en la editorial Kipus, un libro colectivo que reúne trabajos de expertos en Derecho Constitucional y de distintas nacionalidades, donde abordamos el estudio del sistema presidencial y sus claroscuros en Colombia, México, Perú, Bolivia, Argentina y Chile.

La obra, ha recobrado actualidad especialmente en Bolivia donde, salvo un par de publicaciones, no se ha estudiado y menos profundizado sobre el sistema político y sus diferentes manifestaciones. El sistema presidencial, que hemos heredado del modelo norteamericano, ‘reina' en América Latina y pese a todas las críticas que se le pueden hacer y se le hacen, no existe ninguna posibilidad de cambiar (a corto o mediano plazo) al sistema semipresidencial, menos al parlamentario europeo. Aquí se pasa revista a sus antecedentes, ventajas y desventajas, las reformas y búsqueda de cómo mitigar los rigores del sistema presidencial, que se ha caracterizado —históricamente— por la concentración del poder en la figura del presidente. 

Sin embargo, con la finalidad de mejorar y salvar a este modelo se propone, por ejemplo, el ‘semipresidencialismo’ en Chile y se ha introducido la figura del jefe de gabinete de ministros en Argentina y el presidente del consejo de ministros en Perú. En estos dos últimos países se trata de una suerte de ‘minipremier’, que busca la moderación del hiperpresidencialismo y el reforzamiento de la gobernabilidad, de modo que ante una crisis del sistema presidencialista, podría resolverse con el sacrificio político, vía renuncia o censura parlamentaria del ‘fusible’, en vez de la caída del presidente. No obstante en la evaluación que se hace de esta innovación institucional en ambos países, el presidencialismo persiste igual, o peor todavía se ha agrandado poniendo de manifiesto mucho más su carga negativa.

En este sentido y a tiempo de comparar el sistema presidencial y el sistema parlamentario, el mexicano Jorge Carpizo advertía que no existe una forma universal de gobierno que sea la mejor, que diferentes condiciones de desarrollo social y económico, así como político —por ejemplo el sistema de partidos— hacen que un sistema de gobierno sea más adecuado en un país que en otro, que los estudios críticos del presidencialismo tienen importancia, que existen diversos tipos de presidencialismo y que unos funcionan mejor que otros, dependiendo de una serie de factores, tales como las facultades legislativas de que goce el presidente. 

Entre los factores aludidos, cierta bonanza y crecimiento económico son determinantes para la estabilidad del gobierno y la funcionalidad de cualquier diseño político (presidencial, parlamentario o semipresidencial). Esta bonanza económica viene a explicar en parte no sólo que el sistema presidencial funcione en Bolivia, sino que el presidente Evo Morales hubiera gobernado más de un década ininterrumpidamente y se haya hecho reelegir dos veces y quiera una tercera perforando la Constitución. En realidad no hay Ejecutivo débil con un presupuesto fuerte, y musculoso, porque el presidente siempre saldrá con cierta facilidad de las “turbulencias” políticas, que son impredecibles en todo régimen democrático.

En cualquier caso, el Presupuesto General del Estado es el instrumento perfecto que tiene el presidente para generar y concentrar el poder político y económico, máxime —como en el caso boliviano— cuando administra y tiene a su disposición el 88% del total de los ingresos programados y tan solo el 12% se distribuye a 360 instituciones autónomas (gobernaciones, alcaldías municipales, universidades públicas, comunidades indígenas).

También resulta determinante contar no sólo con partidos políticos fuertes, debidamente institucionalizados y competitivos, sino con líderes honestos (no caudillos que quieran eternizarse en el mercado del poder) y con profunda vocación democrática y sensibilidad social. No cabe duda de que el funcionamiento del sistema político, dependerá igualmente de la clase dirigente, los actores políticos y la sociedad civil en su conjunto.  

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