3 de diciembre de 2022, 7:00 AM
3 de diciembre de 2022, 7:00 AM

Finalmente, el presidente Luis Arce promulgó la ley del censo, no sin antes dar un mensaje de confrontación y descalificación a una región que obligó a elaborar la norma legislativa, debido al descrédito en que cayó su Gobierno, después de tantas idas y venidas, de tantos decretos promulgados y fechas cambiadas para la realización de la gran encuesta nacional.

En su mensaje, el primer mandatario demostró que no entiende a los cruceños y tampoco los respeta. No se puede entender de otra manera que afirme con tanta contundencia que solo los miembros de las organizaciones sociales afines al MAS: Federación de Campesinos, Federación de Mujeres Bartolina Sisa, los interculturales, los sin tierra y los indígenas que son del MAS son los que más conocen a Santa Cruz y son los que hacen que crezca la economía cruceña.

 En cambio, a quienes estuvieron sosteniendo el paro de los 36 días, a los que estuvieron en las rotondas o que decidieron acatar la medida les dice que fueron manipulados. Esa es una mirada miope que no alcanza a ver la diversidad y la corriente liberal que genera emprendimientos y que no está sindicalizada y, menos aún, responde a un partido político.

Habló de las iniciativas de diálogo y de las sucesivas propuestas del Gobierno para realizar el censo en 2024, pero no del otro lado de la moneda: los grupos de choque afines al MAS que recorrían rotondas con encapuchados y que a palos pretendían levantar un paro voluntariamente acatado. Tampoco se refirió a la actuación de la Policía, que lejos de calmar las aguas, disparaba gases contra los que acataban el paro y protegía a los grupos de choque que pretendían imponer la visión gubernamental.

Hay que remarcar que la medida fue antecedida de planteamientos claros desde Santa Cruz y que el afán de diálogo surgió cuando ya había comenzado el paro indefinido. Esta disputa absurda debió ser evitada antes que se geste el conflicto, las presiones, las muertes, los daños económicos y demás perjuicios. Lo que Arce no dice es que frenar todo esto, en gran medida, dependía de él, como se demostró al final cuando asambleístas de su partido y de la oposición sancionaron la norma.

El ineficiente Instituto Nacional de Estadísticas, causante del embrollo histórico, no fue ni siquiera nombrado por el presidente que prefirió omitirlo esquivando reconocer el inicio de la principal causa del problema generado. Prefirió cargar las tintas contra el Comité Interinstitucional de Santa Cruz y “el interés de unos cuantos” para, según él, desestabilizar su Gobierno. 

En el tiempo de la posverdad, el presidente busca mostrarse como pacifista y unificador. Pero se olvida que la ley del censo incorpora -gracias a la iniciativa y protesta cruceña- no solo la redistribución de recursos, sino también la asignación de escaños parlamentarios en base a los resultados del Censo, para las próximas elecciones (2025).

Y por si fuera poco, Luis Arce no puede desentenderse de medidas gubernamentales destinadas a debilitar a los cruceños: la prohibición de exportaciones, el corte en el suministro de energía al sector industrial o la interrupción en el suministro de carburantes a este departamento, que hizo padecer a miles de personas.

El mensaje presidencial también abundó en argumentos para responder al sector del MAS, donde se incluye a Evo Morales, que llama traidores a quienes parecía que hacían el ejercicio democrático de concertar y llegar a acuerdos. Lejos de una mirada amplia de estadista, dijo que no tranzó con la derecha, que no es una ley del censo (como si la norma estuviera referida a otro tema) y que no es traidor.

No mencionó a Evo Morales, pero pidió profundizar la democracia en el MAS, dejando claro que ese partido no es el ‘jefazo’. En contraposición, Luis Arce no ejerce la democracia de incluir a los que piensan diferente y que están fuera de su partido, porque parece que su mira está enmarcada en la sigla azul que lo llevó al poder. Lamentablemente, el mandatario no logra salir de ese cubículo estrecho y discriminador.

Bolivia es más que eso y leer las circunstancias históricas del año que se va y en la segunda mitad de su mandato, la perspectiva política pareciera tomar nuevos rumbos. Arce intenta con este discurso de falsa unidad cerrar un capítulo de la historia política con consecuencias aún no medibles desde la perspectiva electoral.  

Si se busca la pacificación del país deberá el primer mandatario pensar en tender puentes de diálogo y de credibilidad con miras a hacer lo que se dice y no borrar con el codo lo que se escribió con la mano. Reconocer los errores es altivo para el bien común y el mejor ejemplo es demostrarlo con hechos y no con palabras, como señaló en su intervención.

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