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El racismo como arma de la revolución

Vasileiv Seoane García 11/10/2021 05:00

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En esta reflexión parafraseo un libro del marxista francés Louis Althusser, denominado, La filosofía como arma de la revolución, en el texto además de hacer una defensa y alabar el pensamiento de Marx, reproduce una o dos creencias fundantes del marxismo: 1. No hay práctica sin teoría, ni teoría sin práctica, la teoría recoge la realidad social, la explica y luego transforma esa realidad; y 2. La teoría es una nueva visión del mundo social que identificó las principales contradicciones sociales, y la práctica política a través de la toma del poder, corrige esas contradicciones y transforma el mundo social de acuerdo a esa visión.

Así, a estas alturas después de 20 años de dominación o hegemonía plurinacional (Goni y Mesa ganaron pero ya habían perdido), está claro para todos que el MAS identificó la contradicción étnica como la contradicción fundamental, y desde su nacimiento político hasta ahora, usa y manipula la etnicidad como un medio cultural-ideológico con dos funciones simultáneas y complementarias, - “sintéticas” - de lo social: a) instaurar o imponer un principio de visión y división del mundo social (P. Bourdieu), según el cual Bolivia se entiende y se divide fundamentalmente entre indígenas y mestizos; y b) Los mestizos o “k’aras” han sometido históricamente, desde la Colonia a los indígenas, por lo tanto el Estado y la sociedad son racistas, así se entiende que es necesario cambiar el Estado desde el nombre, ya no se llamará República de Bolivia, sino “Estado Plurinacional”, para terminar con el racismo que se habría naturalizado como ideología de Estado, para sustituirla por otra, “la ideología plurinacional” y naturalizarla también en el Estado.

Para la entente masista, para el ala autodefinida comunista, la “lucha de clases” que según Marx es el “motor de la historia”, se identifica como una lucha étnica, prácticamente todos los indios o indígenas en Bolivia son pobres, en el altiplano son cuentapropistas informales, no son obreros asalariados, en un país donde más del 70% de la economía es informal, esto constituye un hecho económico y étnico cultural crudo y duro, explica porque el origen social y geográfico del MAS es el área rural, “viene del campo a la ciudad”. El mundo obrero, lo obrerista aglutinado en la Central Obrera boliviana no fue, ni es parte de su núcleo social e ideológico, fue dejado de lado y adscrito como “clase apoyo”. En este sentido, el marxismo del MAS, es más maoísta-campesinista que obrerista, como es sabido las revoluciones chinas y vietnamita, incluso la soviética, tuvieron un origen agrario y campesino, porque lo industrial moderno, la lógica de la fábrica no era lo dominante en sus economías, igual que en Bolivia.

Economía, sociedad, cultura y sus reflejos ideológicos, porque donde hay dos hombres hay una representación del mundo, esto es, lo clasista, regional, étnico-cultural y político lo fusionan o sintetizan en la ideología plurinacional, intentan reflejar o representar la realidad social en su visión del mundo.

Pero, como ellos mismos admiten y se ufanan en decirlo, “el hegemón, lo hegemónico” no está en la relación obrero-patronal urbana, en lo obrerista o clasista, sino en la relación étnico-cultural y es cierto que es a la vez clasista, esta relación según el MAS, atraviesa toda la vida social, económica, política, moral e ideológica boliviana, eso sí con sus diferencias por Región, no es ni puede ser lo mismo el katarismo-indianismo aimara en La Paz, que en Santa Cruz, el Beni o Pando y para estas regiones matizan – por el momento - su discurso.

Todo esto es bien conocido, es la vía que han escogido, porque además la Sociedad se presta y han tenido éxito en escoger esta vía, lo que francamente preocupa es la actitud o reacción de lo que formalmente se puede definir como campo político de oposición, en relación a esta vía o ideología plurinacional.

La oposición no ha definido una línea ideológica, política y menos intelectual sobre la ideología plurinacional, actúan como si esta ideología plasmada en la Constitución Política del Estado y que es el eje discursivo y simbólico del Estado y del MAS no existan (como la wiphala y la hoja de coca por ejemplo), como si esta narrativa seudohistórica, culturalista y victimista no existiera. Aunque sea desde el punto de vista del marketing, se han referido a los públicos-objetivo de jóvenes, de mujeres, adultos mayores e incluso a la población LGTB, pero no al hecho social fáctico étnico cultural, a los quechuas y aimaras, y su ideología katarista, a los indígenas de tierras bajas en general, no se refieren a los comerciantes gremiales migrantes en Santa Cruz o de El Alto, en los hechos la oposición le regala al MAS esta parte de la Sociedad o mercado político, su “estrategia” hasta ahora ha sido no referirse al clivaje o contradicción étnica cultural, los hechos muestran que tal vez sea hora no sólo de cambiar de estrategia política, sino y sobre todo de regular y ordenar esta parte de la realidad social y cultural boliviana, como han hecho a su modo en Paraguay, España, Canadá o Estados Unidos. 

La historia enseña que la llamada Cuestión Nacional o el problema étnico no pueden quedar sin resolverse en ninguna Sociedad sin que alguien se aproveche y es causa perenne de atraso social. Es permitir que el etnicismo y el racismo sigan como arma de la revolución.

Vasileiv Seoane García es Investigador Social





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