Escucha esta nota aquí

Santiago de Chile será sede del 13 Congreso de la Federación Latinoamericana de Ciudades, Municipios y Asociaciones Municipalistas (Flacma), del 27 y al 29 de marzo; el Congreso debatirá en sus 11 comisiones, la nueva agenda para el desarrollo de América Latina desde la visión y la experiencia de las autoridades locales. Las crisis de gobernabilidad democrática que sufren muchos de los gobiernos nacionales, se supera en los gobiernos locales por la necesidad de resolver responsabilidades cotidianas que no admiten prórroga.

Una vez más, la democracia en el continente está volviendo su atención hacia el poder de la ciudadanía que se consolida en los gobiernos locales. Los 17 objetivos de desarrollo sostenible, que se pregonan con tanta ligereza por los gobiernos centrales, se medirán en su eficacia, en los resultados que se alcancen en los territorios donde vive la gente.

“Frente a la creciente urbanización y el crecimiento de las ciudades, sus gobiernos locales deben asumir un protagonismo real para el cumplimento de las metas y objetivos de desarrollo. Durante las últimas décadas, numerosos acuerdos y cumbres internacionales han puesto el acento en promover la implementación de nuevas agendas urbanas.”

La exigencia de administrar el territorio de manera integral, plantea desafíos de desarrollo sostenible que reconocen la complejidad y los problemas de la ciudad y de la ruralidad, como un continuo. La dicotomía entre lo urbano-rural, desaparece cuando se evidencia que en las ciudades no se produce agua, energía ni comida, y los espacios de donde vienen esos elementos vitales, deben tener resueltas las necesidades de la gente que vive en ellos.

En ese escenario aparece la necesidad de analizar la existencia de ciudades intermedias que cubran los espacios con servicios, cohesión social, turismo y seguridad alimentaria, y en ellos se resuelvan las diferentes combinaciones entre la ruralidad y la ciudad.

La falta de políticas públicas sobre viviendas y la existencia de asentamientos informales son una evidencia de la falta de planificación y de acompañamiento de los procesos migratorios que se acentúan con la desigual distribución de ingresos, la ausencia de áreas y espacios públicos, actividades culturales y centros educativos y de salud que se necesitan en las ciudades. La existencia de planes reguladores formales alejados de las dinámicas reales del territorio, y la necesidad de tener regulaciones con identidad local y participación ciudadana, evidencia esta agenda inconclusa en las ciudades.

La ruralidad también está cambiando, se mezcla con el avance de la tecnología y supera la división urbano-rural que no valora la cultura, las exigencias del trabajo y las especificidades del mundo rural. Hoy el 20% de la población de América Latina vive en ciudades. Para el 2050, estas albergarán a una población cercana al 90%. ¿Cómo actuarán los gobiernos para enfrentar este futuro inmediato?

Queda claro el derecho a vivir en paz y seguridad que tiene la población, independientemente de donde viva. Considerar las interacciones y mutuas dependencias existentes con el mundo rural, identificar los puntos de encuentro, las contradicciones, las fronteras generalmente imprecisas, así como las diversas identidades e intereses, son un reto para el mundo urbano y las ciudades intermedias.

Flacma es presidida por el alcalde boliviano Iván Arcienaga, y la Comisión de Municipios y Desarrollo Urbano y Rural del Congreso, me tiene como coordinador, compartiendo la experiencia alcanzada en el Cepad.

Valorar las ciudades intermedias constituye un gran acierto y, a la vez, un fuerte desafío.