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Juan Evo Morales Ayma estuvo de cumpleaños. El caudillo cocalero que ejerció ininterrumpidamente el mando de la nación boliviana por cerca de 14 años y pretendía quedarse de cualquier modo disfrutando del poder por más tiempo, acaba de celebrar su aniversario número 61. Fue el lunes 26 de octubre.

Desde su asilo en Buenos Aires dijo haber recibido felicitaciones desde las cero horas de ese día. Los primeros en llamarlo fueron sus ‘hermanos’ de Orinoca, lugar de su nacimiento. Los telefonazos se sucedieron luego desde otras partes del país y del mundo, según tuiteó el cumpleañero.

Coincidentemente, el mismo día se divulgó la noticia de que el Tribunal Departamental de Justicia de La Paz había resuelto anular la orden de aprehensión contra Morales Ayma, acusado en un caso de terrorismo y sedición por haber instruido telefónicamente a uno de sus seguidores el cerco a las ciudades para dejarlas sin alimento. Fue después de que él renunciara a la Presidencia y escapara del país.

El TDJ paceño respalda su decisión en una supuesta vulneración del derecho a la defensa de Morales porque no fue citado debidamente por la demanda en su contra. Poco antes, una acción de libertad se resolvió en favor de un influyente exministro suyo asilado en la embajada de México donde otros destacados exfuncionarios del anterior Gobierno aguardan la extensión de salvoconductos comprometidos por el presidente electo Luis Arce Catacora.

Casi al mismo tiempo, dos prominentes figuras del masismo se benefician con fallos judiciales en resguardo de sus derechos constitucionales. Un tratamiento que durante el régimen masista les fue negado sistemática y abusivamente a decenas de ciudadanos bolivianos, víctimas de la judicialización de la política y que fueron perseguidos con saña o encarcelados por años.

El retorno de Morales a Bolivia es otro asunto que ocupa espacios informativos. Entrevistado por un par de agencias noticiosas internacionales, el jefe del MAS dijo estar a la espera de que las organizaciones sociales, incluyendo los cocaleros de Chapare y sus seis federaciones que él preside, le fijen la fecha, aunque es confusa la afirmación que se le atribuye: “Nuestro pedido es que vuelva el 11 de noviembre”.

Es la misma fecha de su abrupta salida de Bolivia en 2019 rumbo a México, primer país en concederle asilo antes de que decidiera trasladarse a Argentina para estar más cerca de Bolivia. Siguiendo con los simbolismos a los que Morales es afecto, no sorprendería que el muy poco utilizado aeropuerto internacional de Chimoré y del que partió hace casi un año ante un puñado de seguidores, sea elegido para la ‘operación retorno’, aunque esta vez en baño de multitudes.

También está en debate y consulta diversa si adelanta el viaje para asistir el día 8 a la posesión de Arce Catacora junto al presidente de Argentina, Alberto Fernández, “tan solidario, tan humano” que se ofreció a transportarlo a Bolivia.

En la misma entrevista, el caudillo ratificó que no asumirá ninguna función en el nuevo Gobierno y que se instalará en Cochabamba para “retomar el activismo sindical, cuidar y defender el proceso, los principios ideológicos y los programas sociales para bien de todo el pueblo boliviano”.

También reservará tiempo para dedicarse a la agricultura y a la crianza del tambaquí que, según su saber, les genera unos jugosos ingresos a los pescadores en los ríos del trópico cochabambino. Buena cosecha y buena pesca, señor Morales.