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El eterno dilema de por qué en este planeta unos países son ricos y otros tan pobres, tiene disímiles explicaciones y respuestas, que varían según sea la filosofía, la ideología política o el credo religioso. Disquisiciones teóricas aparte, lo cierto es que en el mundo actual hay unas pocas naciones con un nivel de vida muy alto, y muchas con una pobreza que poco difiere de la que se padecía en los oscuros tiempos de la Edad Media.

Hace más de 30 años, un grupo importante de potencias industriales se comprometieron en la ONU a contribuir con no menos del 0,7% de su Producto Interno Bruto (PIB) al desarrollo y así ayudar a erradicar la pobreza. En 1971, la ONU hizo una lista en la que inscribió a las 25 naciones más pobres. Los criterios para incluirla debían tener un PIB per cápita inferior a los 400 dólares, bajos niveles de salud, de nutrición y de educación. Aquellas naciones recibieron el nombre de Países Menos Avanzados. (PMA).

De ese casi medio centenar de naciones más pobres, 34 son africanas, nueve de Asia, cinco del Pacífico y una caribeña, Haití. Viven en ellas 630 millones de personas, de las cuales más de la mitad sobrevive con menos de un dólar al día, su esperanza de vida media es de 51 años, el 43% no tiene agua potable, el 60% es analfabeto y uno de cada seis niños no logra vivir hasta los cinco años. Decena de millones nunca han visto un televisor, no conocen el cine, ni tienen idea de lo que es un computador, tampoco han oído hablar de Cristóbal Colón, Napoleón, Cervantes, Beethoven o los Beatles.

En general, tanto las potencias occidentales, como las instituciones financieras internacionales, hicieron esfuerzos por erradicar la pobreza o, cuando menos que deje de ser ‘extrema’. El problema de dar ayuda al desarrollo, no es solo cosa de entregar dinero, nuevas tecnologías, o construir industrias o infraestructura. Lo que más necesitan estos países es enseñar a sus habitantes a ser más productivos, pero en esta parte del mundo, las cosas no están bien.

El éxodo que vive Venezuela, las matanzas en Nicaragua y la probable repostulacion del presidente de Bolivia, que ya va 12 años en el poder, demuestran que la economía y la política están entrelazados, independientemente de las riquezas naturales que estos países poseen. El populismo y el aferramiento al poder de los gobernantes de estos países están llevando al empobrecimiento de sus naciones.

La década de oro en Bolivia ha acabado, el excesivo gasto público, el despilfarro, la desmesurada explotación de materias primas –minerales e hidrocarburos- han traído como consecuencia un crecimiento del PIB muy por debajo del 7% que tanto se necesita para desarrollarse.

No obstante, el Gobierno prácticamente ya ha decidido que este año debe haber segundo aguinaldo, es decir el gobierno hará campaña electoral con el dinero de los empresarios que aún no se saben cómo van a pagar este bono. Esto nos debe hacer recuerdo el sabio refrán chino: “Si quieres ayudar a alguien a que coma una vez, regálale un pescado. Si quieres que coma por siempre, enséñale a pescar”.

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