El Deber logo
10 de septiembre de 2017, 4:30 AM
10 de septiembre de 2017, 4:30 AM

Confieso que yo también tuve mi sueño americano, como la mayor parte de mis paisanos, aunque nunca imaginé que una cholita cochabambina nacida en Quillacollo también gozara de la posibilidad de esa utopía. Sorprendiéndome que también participara de aquella el mismísimo presidente vitalicio de nuestro país, pero de manera distinta, pues Estados Unidos es el imperio al que él está llamado a combatir.

Cuando me enteré de que, de una u otra manera, la mayoría de los bolivianos cerramos los ojos para soñar mejor con esa quimera, conociendo ciertamente a muchísimos amigos que cambiaron su humilde vivir con las maravillas y problemas que Estados Unidos posee para encandilar a los ciudadanos de todo el mundo, hasta convertirse en ejemplo de un país que desde su nacimiento hasta hoy estuvo conformado por inmigrantes.
 
Hice a un lado los últimos giros del polémico presidente Trump, quien se ha mostrado contrario a la inmigración de los hispano-americanos y ha expulsado a muchos de ellos. Ahora está en el ojo de la tormenta (de los huracanes) y otros desastres naturales, con el propósito que tiene de expulsar a ese grupo de hijos de migrantes que tendrían, según el anterior régimen, legalidad para establecerse en Estados Unidos, pues llegaron a esas tierras siendo menores de edad. 

Cuando no había salido de mi estupor al saber que estaba a punto de romperse… hecho trizas mi sueño americano, mi corresponsal en el Palacio Real de la plaza Murillo me comunicó que su ídolo político, llamado Evo, alguna vez le dijo que él no tuvo nunca tal ilusión…a no ser que el imperio dejase de atentar permanentemente en contra de los países de Centro y Sudamérica, y en especial de nuestro país. 

Aunque adora Nueva York, ciudad que visita varias veces al año, no por razones culturales, sino para que el New York Times publicite sus arribos y sus comentarios respecto a algún encuentro futbolístico que se realice entre su equipo y el equipo de fútbol de Trump. 

Lo más importante del diálogo que sostuve con mi discípula periodística fue comentar con tristeza la furia con que la naturaleza castiga a pobladores visitantes y habitantes de Norte América, hoy azotado por huracanes de mucha fuerza y tamaño, que hacen evacuar a miles de personas del estado de Florida, lo que no hace variar nuestro afecto a ese país y nuestro sueño americano.  

Tags