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27 de septiembre de 2018, 4:00 AM
27 de septiembre de 2018, 4:00 AM

La vorágine ruidosa, creada gracias al vendaval de declaraciones estridentes y defensivas que se han desatado desde La Moneda, sin duda alguna son síntomas inequívocos de una muy probable victoria boliviana en La Haya y, al mismo tiempo, son una señal del miedo que tienen algunas autoridades de Chile de pasar a la historia como gobiernos que no supieron explicar ni a su pueblo ni al mundo, su viraje radical: de las promesas unilaterales que grandes estadistas de Chile hicieron por más de 100 años a Bolivia y de la gran cantidad de acuerdos arribados y que hoy pretenden desconocer y archivar.

Lamentablemente, en este cometido ilegítimo, algunas autoridades de la República de Chile desinforman a su pueblo sobre el verdadero objeto de la demanda boliviana, para prevenir el sentimiento de derrota que cundió en Chile el pasado 24 de septiembre de 2015, cuando se conoció la sentencia de jurisdicción. Ante estas falacias, es necesario una vez más, salir en defensa de la luz radiante de la verdad.

Primero, Bolivia nunca pidió a la Corte que declare la cesión unilateral en su favor de un territorio costero de Chile. Como la Corte lo aclaró en su sentencia preliminar, el verdadero objeto de la demanda es la existencia de una obligación de negociar con un objeto preacordado como lo es el acceso soberano al mar, muchas veces prometido por Chile, su incumplimiento y el deber del Gobierno transandino de cumplir con tal obligación. Por lo tanto, ni Antofagasta, ni ningún otro territorio chileno específico ha sido reclamado por Bolivia ante la Corte, y por ello la campaña en la que se han involucrado algunas autoridades chilenas, no solo falta a la verdad sino que es la más grande irresponsabilidad y ataque contra la paz ad portas de un fallo que transformará las relaciones bilaterales para siempre. Acción que no tiene otro fin que el de forjar un espejismo de victoria inexistente, cuando lo correcto y responsable debería ser prepararnos juntos para una eventual negociación futura de buena fe.

Los bolivianos sabemos y creemos firmemente que el retorno del pabellón nacional a las costas del Pacífico será el resultado de una negociación, inteligente, estable, racional y ganadora y que además será progresiva, ya que si algo hemos aprendido en estos más de cien años, es que los tiempos de los Estados pueden ser largos, empero finalmente los derechos se ganan y ejercen.

Segundo, la demanda de Bolivia nunca se ha basado en el Tratado de 1904. Como lo afirmó la Corte: “Las disposiciones del Tratado de Paz de 1904 descritas en el párrafo 40 no abordan, ni expresamente ni implícitamente, la cuestión relativa a la supuesta obligación de Chile de negociar el acceso soberano de Bolivia al océano Pacífico”, por lo tanto: “En opinión de la Corte, consiguientemente, los asuntos en disputa no son asuntos ni “resueltos por arreglo de las partes, o por laudo arbitral, o por una sentencia de un tribunal internacional” ni “regidos por acuerdos o tratados en vigencia”. Afirmación categórica de la Corte Mundial que deja en evidencia a las insistentes e infértiles declaraciones del Gobierno de Chile que intenta nuevamente atrincherarse en un Tratado que, si bien es impuesto, injusto e incumplido, no tiene relación con la demanda boliviana. Como puede evidenciarse, el Gobierno chileno no se ha recuperado de la pérdida del Tratado de 1904 como el supuesto “alfa y omega” de nuestras relaciones bilaterales y como el “escudo protector” de su tesis legal que ha fracasado catastróficamente.

Tercero, para Bolivia, a diferencia de lo que afirman las autoridades chilenas, el reconocimiento que haga la Corte Internacional de Justicia en favor de la obligación de negociar, significa una victoria de nuestra nación, empero además significa la victoria del Derecho Internacional, la victoria del diálogo, la conciliación, en resumen, la victoria de la paz y el entendimiento sobre la imposición, el uso de la fuerza y la violencia.

Por estas razones básicas, podemos afirmar que la estrategia chilena no apunta a ganar el caso, sino a justificar el incumplimiento de un posible fallo favorable para Bolivia. En todo caso, y como lo afirmamos en una anterior columna, la demanda marítima boliviana no necesita esperar hasta el primero de octubre para demostrar que ha triunfado y por ello las autoridades chilenas han quedado presas de un discurso furibundo, defensivo y altamente politizado que pretende una cura en salud, ante las muy posibles nuevas victorias que Bolivia podría obtener ante la Corte. Victorias que insistimos serán para ambos Pueblos, ya que la Corte está produciendo una catarsis diplomática y jurídica en la conciencia del Gobierno chileno, lo que más pronto que tarde logrará el reconocimiento de que no existe futuro común que no pase por el profundo entendimiento del pasado, lo que a su vez deberá delinear un futuro de paz y prosperidad perpetua.

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