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Es la última plaga. Después de las langostas llegaron como granizada los que timan ofreciendo favores del presidente Evo Morales. Ofrecen cargos, prebendas increíbles. No sé si están presos o si simplemente los pusieron al hielo. Solo recuerdo que fueron muchos. Era el estilo de la señora Gabriela Zapata. Aparte de la CAMC y de su graciosa gerencia, partida de nacimiento en ristre conquistó favores y negocios de una enormidad de oficinas públicas y no tan públicas.

No es coincidencia. No es casualidad que en poco tiempo aparezcan tantos. Dicen los filósofos que las mismas causas producen los mismos efectos. Habrá que buscar la causa de la proliferación de las ofertas del gigantesco negocio de las prebendas presidenciales. Son muchos y todos de ahora. Solo necesitaron presentarse como mensajeros. Hacerse creíbles les es fácil.

Todo lo que toca al endiosado jefe está rodeado de magia. En esa idolatría todo es posible. Todo se puede esperar y son muchos los incautos a poco de caer en las redes del timador. En la política consolidada de regalos y de gangas, de cargos y dignidades, no es difícil de creer que caiga del cielo lo impensable ni lo inmerecido. Puede suceder lo absurdo, que, como ha bendecido a miles, pudiera beneficiar ahora al escogido por el destino y por el timador. Si le sumamos la política de los emisarios todopoderosos, tenemos el caldo de cultivo perfecto. Pudieran aparecer personajes que parezcan auténticos delincuentes. Como vienen de parte del jefe, son creíbles y traen poderes especiales. Además, también puede ser normal que llegue hasta cualquier puerta ese estilo gubernamental de la graciosa arbitrariedad.

No creo que el remedio sea meter a la cárcel a todos los timadores. No caben. Quizás lo más efectivo sea cambiar el estilo de gobierno. Si se diera menos atención a los arribistas y lambiscones, posiblemente sería menos creíble el engaño. Si los gobernantes no se sintieran Reyes Magos, encargados de hacer llover regalos y bonos inmerecidos sobre todos los que no recibieron antes donativos del cielo; si cargos y responsabilidades no fueran pipocas que se reparten a transeúntes incapaces; si más bien fueran exigencia y compromiso; si los partidarios del presidente se esforzaran para hacer realidad el sueño nacional, en lugar de hacer fila para recibir la soñada mamadera; si se gobernara para construir la patria, posiblemente no habría timadores a los cuales reprimir. 

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