El Deber logo
8 de junio de 2019, 4:00 AM
8 de junio de 2019, 4:00 AM

La presente crónica es apenas una relación fragmentada del transfuguismo en Bolivia, dado que para escribir su historia completa haría falta gastar más tinta y un historiador muy bueno para contarla, algo que está fuera de nuestro alcance. Por eso, simplemente nos limitamos a señalar lo que todos saben, que ha estado cohabitando entre nosotros una runfla de años y que se le augura un gran porvenir. Parafraseando al escritor Eduardo Galeano, nos atrevemos a afirmar, que el transfuguismo se ha democratizado, lo ejercen muchos, y lo padecemos todos. Nuestros tránsfugas son todos hijos putativos (ojo que no es mala palabra) de los partidos políticos que se fundaron al promediar el siglo XIX.

Efectivamente, en torno a caudillos como Belzu, Linares, Montes y otros se fundaron los partidos oligárquicos y populares, y para disputarse el control del poder, ya no por medio de las famosas ‘gloriosas’ (léase cuartelazos que no fueron del todo sustituidos), sino por métodos democráticos, en este caso, por el voto calificado y exclusivo de la gente decente y pudiente, por cuanto el populacho solo ‘participaba’ en asuntos políticos como carne de cañón. Ese fue el punto de inflexión que sociológicamente se denomina “movilidad política”, y a partir de entonces, fue moneda corriente ver desfilar a ‘nuestros’ tránsfugas de partido en partido. De acuerdo a la coyuntura política o de qué lado soplaba el viento, transitaron del partido Conservador al Liberal, de este al Republicano, y pasada la contienda del Chaco, lo hicieron del PIR al POR, de este al PCB, y así sucesivamente ad infinitum.

Pero fue el MNR en el poder quien desarrolló y acrecentó la práctica del transfuguismo individual y masivo, necesario en este caso, para formar el PRIN, el PRA, el MNRI y otros. Pero el transfuguismo mayúsculo, el que se lleva la palma, corre a cargo del militarismo de René Barrientos y Hugo Banzer, cada uno a su turno, que no solo descabezaron a la dirigencia del MNR y FSB (este último partido ultraconservador que traicionó sus principios de Dios, Patria y Hogar por un plato de lentejas), sino que hicieron tabla rasa con casi toda la militancia de base y los redujo a su mínima expresión colocándolos en trance de perder su personería jurídica.

Más tarde llegaron al MAS (partido con mayor permanencia en el poder), nuevos clientes provenientes de otras tiendas políticas, caídas en desgracia, buscando espacios y lo consiguieron; pero también migraron los llamados ‘resentidos’ porque el jefazo les retiró su confianza y también les quitó las pegas que tenían. Con lo anotado basta para demostrar que el tránsfuga carece de convicciones ideológicas y se equivocan quienes creen que llegan para ‘sumar’ al partido que los adopta porque lo único que han aprendido es a ‘multiplicar’ en su propio beneficio. A este respecto, y con mucha más autoridad que el suscrito, el escritor Mario Rolón Anaya, nos dice: “Los partidos suben y bajan rápidamente y los ciudadanos emigran de modo constante, de un partido a otro, buscando en lo posible el seguro alero del partido de gobierno, bajo la conocida y muy observada explicación de que ellos no cambian”.

Pero el transfuguismo, pese a todas las ‘peripecias’ por las que ha pasado, hoy vive su mejor momento. Tras los iniciales sondeos de opinión han comenzado a producirse los primeros casos de movilidad política dentro de los ocho binomios de la oposición y dentro de las plataformas ciudadanas que, a la postre, terminaron por ‘sincerarse’ y pelar capucha. Dos parlamentarios de oposición dieron la clarinada y antes de ver caducado su mandato, se pasaron al binomio opositor que consideran mejor posicionado buscando reciclarse, no por “amor a la Bolivia profunda”, sino por apego visceral a las jugosas dietas parlamentarias y al curul que les garantizará impunidad para seguir despotricando y acusando con la ‘lengua’ a los adversarios que incomoden al nuevo jefe. Se dice que el doctor Casimiro Olañeta, el famoso ‘dos caras’, es el líder espiritual de todos nuestros transfuguistas y a él se encomiendan para que les vaya bonito.

 

Tags