25 de marzo de 2022, 4:00 AM
25 de marzo de 2022, 4:00 AM


“¿Y tu país cómo es?” – “Pues es el país del bloqueo; no hay día del año en que no esté bloqueada al menos una carretera del territorio nacional, y en ocasiones dos o más al mismo tiempo por demandas que no tienen nada que ver ni con el tránsito de personas ni vehículos, ni mucho menos con la economía que ellos perjudican con sus piedras y troncos en el camino.” 

Eso que parece un diálogo ficticio en una forma común que se estila en las redes sociales de este tiempo, en realidad es la más absoluta verdad en el caso boliviano. Ni más ni menos.

Hoy se cumplen seis días del criminal bloqueo en la provincia Guarayos, en la carretera entre Santa Cruz y Trinidad, por un conflicto de tierras. Los comunarios del lugar exigen que las autoridades den con el responsable de la muerte del joven Franklin Delgadillo, quien murió en enfrentamientos por una ocupación de tierras en la comunidad La Estrella, y piden también que se resuelva la disputa por la posesión de los predios incautados al ciudadano Jacob Ostreicher.

También la ruta entre Santa Cruz y Cochabamba está intransitable por el bloqueo en Buena Vista, en el norte cruceño, donde las juntas escolares impiden el tráfico de vehículos para exigir un bono escolar que supuestamente les fue prometido por el alcalde de la comuna, el mismo que, dicen, no se entregó.

Si alguien intenta encontrar la relación entre el incumplimiento del alcalde de la localidad y el bloqueo de una ruta nacional que impide que pasajeros de La Paz, Oruro, Cochabamba, Potosí o Santa Cruz puedan pasar, o peor aun que productos alimenticios para el comercio local o para la exportación puedan llegar a los mercados, probablemente podría enloquecer en el intento. 

Lo mismo ocurre en el caso del bloqueo en Guarayos: ¿Qué tiene que ver con ese bloqueo un conflicto de tierras de unos campesinos que aparentemente intentaron ocupar unos predios que tienen otros dueños y que en el medio haya muerto una persona producto de los enfrentamientos? Nada, una y otra cosa no tienen absolutamente nada que ver, pero ahí está el bloqueo, haciendo la vida imposible a ciudadanos que necesitan movilizarse entre Beni y Santa Cruz, y al comercio que se mueve entre ambos departamentos.

Pero pese al enorme perjuicio que ocasiona el bloqueo de Guarayos, nadie del Estado se da por aludido con la movilización: la Gobernación de Santa Cruz no hace nada y dice que el Gobierno nacional no actúa porque los bloqueadores son interculturales afines al Movimiento al Socialismo.

El Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) no mueve un dedo porque dice que el conflicto no está en sus manos, ya que supuestamente al ser un terreno incautado el que está en disputa, ellos no tendrían ninguna tuición en el asunto.

Los empresarios privados piden que el Gobierno dialogue con los bloqueadores porque con su protesta solo golpean la economía del país, que está bastante afectada por dos años de pandemia y la crisis global.

Desde ese punto de vista, es incomprensible e indolente con el país y su gente que unos cuantos bolivianos bloqueen las actividades de millones de otros bolivianos que tienen iguales derechos que ellos, en un tiempo en que todos sufren, en que intentan levantarse del duro golpe que a todos, sin excepción, alcanzó por el covid-19. Un país pobre, en el que cerraron muchas empresas y talleres, en el que el desempleo creció de manera alarmante, no puede darse el lujo de bloquear. La única autoridad que tiene mando sobre la Policía Nacional es el Gobierno Nacional; por tanto, ¿cuántas pérdidas más deben producirse para que actúe como es su obligación?

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