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22 de agosto de 2017, 4:00 AM
22 de agosto de 2017, 4:00 AM

Se define como ‘piedra filosofal’ el producto que incorporaban los alquimistas para que cualquier mineral se convirtiera en oro. Después de visitar e investigar el territorio boliviano, y establecer sus potencialidades y poner en valor las ventajas comparativas que posee, llegamos a la conclusión de que lo expresado en el epígrafe es posible para Bolivia.

Ya hemos construido lo más difícil: convencernos colectivamente de que tenemos cualidades para ser un destino turístico internacional. Los 339 gobiernos locales, las nueve gobernaciones y el Gobierno central lo repiten en todos los encuentros, y sus componentes forman parte de un capítulo en los planes de desarrollo. Pero a la lista de atractivos, como el salar de Uyuni, Cerro Rico, lago Titicaca y Puerta del Sol, hay que agregar una mayor oferta de manera inteligente: la plaza Calleja, por ejemplo, es el centro geodésico de América del Sur; Manuela Sáenz vivió en Sucre, sin que exista ningún elemento que lo reconozca; Tarija es la primera misión de Chiquitos, si aceptamos que ahí se aprendía el bésiro y se perfeccionaba la música misional; en Sorata se encuentra la descripción bíblica del Edén; en Moxos están los canales fluviales de una civilización que manejaba las aguas… y la lista es infinita.

Para completar la tarea, tenemos que cumplir cuatro asignaturas pendientes: 1) Conseguir que haya coordinación entre el Gobierno central con los niveles territoriales; ahora no existe.  2) Designar administradores del territorio, con autoridad y capacidad para velar por la calidad de servicios, desde los baños en las estaciones de servicio hasta la salubridad de las comidas y la oferta de salud, frente a posibles emergencias. 3) Reconocer que llegar a Bolivia resulta de pagar precios muy altos, comparados con los destinos del vecindario; nuestra oferta debe ser tan contundente que minimice los costos. 4) La tarea más complicada y la que definirá el futuro del emprendimiento: que los bolivianos aprendamos y pongamos en práctica otra forma distinta de protestar que no sea el bloqueo de caminos y carreteras. Debemos garantizar a quienes nos visitan que podrán planificar sus días de estadía y de retorno en condiciones de seguridad.

Pero existe otra razón más para apostar por el turismo sostenible: es el mejor instrumento para lograr la cohesión social, acuerdo entre diversos que nos permita lograr resultados colectivos. La cadena social y económica del turismo sostenible es la más completa y, por ello, exige acuerdos sólidos y estables. 

Este es el Año Internacional del Turismo Sostenible y 1.250 millones de turistas se moverán por el mundo. ¿Cuántos recibiremos nosotros?  

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