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El turismo sostenible y las ciudades intermedias

Carlos Hugo Molina 29/9/2020 05:00

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El mundo entero se encuentra revisando sus conocimientos, sus capacidades y sus saberes. Y la posibilidad de reaccionar con mayor rapidez se verá respaldada con las opciones que podrán ser utilizadas antes que otros. No hay tiempo para la queja cuando todos están reconstruyendo sus vidas.

Una variable que se repite permanentemente es el de las potencialidades que ofrecerá el turismo en esta nueva normalidad. 170 académicos holandeses firmaron un Manifiesto de 5 puntos en el que sugieren los escenarios pospandemia; al proponer un modelo económico basado en el decrecimiento, interpelan a la economía enfocada en el crecimiento del PIB a reconocer otros sectores que pueden crecer y requieren inversión (sectores públicos críticos, energías limpias, educación, salud) y sectores que deben decrecer radicalmente (petróleo, gas, minería, publicidad), planteando la construcción de una economía basada en la redistribución.

Cuando tocan el turismo, dicen: “Reducir el consumo y los viajes, con un drástico cambio de viajes lujosos y de consumo despilfarrador, a un consumo y viajes básicos, necesarios, sustentables y satisfactorios.” Leyendo con atención esta definición, sentimos una interpelación a nuestras posibilidades y nuestras capacidades.

Hasta antes de la pandemia, 1.800 millones de turistas se movían al año en el mundo y en las reuniones que me tocó intervenir, preguntaba ¿cuántos de ellos llegan hasta nuestro territorio maravilloso? No basta tener un espacio que debe ser único por especial y diferente, además, hay que ponerlo en valor. 

El itinerario del turismo establece una condición de autoestima, de orgullo de lo propio que deseamos compartir con otro distinto, y por ello debemos desarrollar la tolerancia hacia él; no invitaríamos a nuestra casa a un amigo para tratarlo mal.

Unido a esas dos condiciones está el reconocimiento que el turismo tiene la cadena económica más completa que reconoce el valor de potencialidades fundamentalmente locales que necesitan desarrollar una educación en diferentes áreas para compartirlas con el viajero, todo, en un imprescindible acuerdo colectivo para que la operación funcione.

Esa complejidad es posible de llevar adelante, sobre la base de las potencialidades desarrolladas y en ejercicio. La capacidad de organización, movilización y resiliencia social de la sociedad boliviana, el municipio como base del ordenamiento territorial, las ciudades intermedias, las mancomunidades municipales y el ejercicio de la autonomía tienen capacidades evidentes para sumar su esfuerzo.

Para lograr resultados, y debemos ser sinceros, tenemos que superar algunas limitaciones evidentes. 

La falta de articulación de la gestión en los niveles territoriales con el nivel central de gobierno, la ausencia de un administrador aceptado y concertado del territorio para gestionar los servicios que se ofrecen, el revertir costos negativos de traslado y oportunidad y, probablemente el más complicado, el modificar la violencia como protesta colectiva.

Finalmente, la pandemia ha establecido una serie de exigencias que tienen carácter innegable y se refieren a la asistencia médica con cobertura de hospital de 2.º nivel, las condiciones de bioseguridad en servicio de gastronomía y hotelería, el transporte con exigencia de bioseguridad, la oferta integral del destino con propuesta diversificada de servicios y capacidad de gestión local ligada a la calidad de la oferta y la necesaria conectividad.

Ya sabemos qué debemos hacer y las ciudades intermedias esperan ser las bases desde las cuales se construya este sistema.