Opinión

El valor del voto

El Deber 12/8/2018 04:00

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Sin respeto al voto no hay democracia. Es cierto también que el simple acto de votar no asegura la vigencia plena del sistema de libertades, derechos y obligaciones, pero es su primer requisito. Si no elegimos a los gobernantes en las urnas en el tiempo establecido por la Constitución, viviremos en una autocracia o en una dictadura. Peor aún si no se respeta el resultado del sufragio, beneficie o perjudique a quien sea. Las victorias y las derrotas electorales son parte sustancial de la vida democrática y deben asumirse o aceptarse absolutamente. Es más, en el único lugar donde todos somos iguales, ricos y pobres, es en las urnas. Vale lo mismo el voto de un millonario que el de un proletario. Este es el concepto fundamental de la democracia.

Por eso resulta inaceptable cualquier maniobra para sabotear la voluntad del soberano de marcar la opción que quiere en una papeleta, sea para una elección o para un referéndum. Por eso el ciudadano se indigna o se moviliza cuando siente que alguna fuerza poderosa busca torcer sutil o torpemente su decisión en las urnas. Por eso ha corrido mucha sangre en la historia boliviana, para conseguir y recuperar el derecho a sufragar o para defender una votación.

Después del referéndum del 21 de febrero de 2016, el presidente y el gobierno han quedado fuertemente interpelados por el desacato de ese acto fundamental de la democracia como es el resultado de una votación contraria a la decisión del MAS, de alargar su permanencia en el poder. El acelerado desgaste de Evo Morales y de su equipo tiene como causa determinante un doble discurso y constantes contradicciones sobre el respeto al valor del voto y la democracia. En ese sentido, durante la última semana se ha recordado en un video la posición del vicepresidente Alvaro García Linera el 21 de febrero de 2016 sobre el resultado del referéndum: “Respetaremos en absoluto los resultados que salgan del recuento oficial. Los referéndums se ganan por un voto. Un voto hace la diferencia y hay que respetarlo porque es la representación democrática de la mayoría. Basta que un voto favorezca a una de las opciones, hay que hacerlo respetar. Es democracia y hay que practicarla”, sostuvo esa noche en el Palacio de Gobierno el segundo mandatario.

Tiempo después, en plena etapa de búsqueda de la reproducción del poder, García Linera no solo deja perplejos, sino que molesta a muchos cuando sostiene que en el 21-F hubo un empate electoral del No con el Sí y que se viene el momento de un desempate político. Peligrosamente agrega que se debe resignificar la democracia, no solo como cumplimiento de normas, sino como participación e igualdad. Es terrible el daño que se le hace a la democracia boliviana cuando los que detentan el poder desprecian el valor del voto, solo porque están aferrados, de ser posible por siempre, a sus privilegios.

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