Edición Impresa

El virus del cálculo y la figuración

Editorial El Deber 19/3/2020 03:00

Escucha esta nota aquí


Todas las políticas públicas de estos días en el país, en los niveles nacional, departamental y local, están casi exclusivamente concentradas en el manejo de la pandemia del coronavirus que golpea al mundo entero. Y probablemente lo estarán un tiempo que, casi con seguridad, será largo.

La incidencia global del problema ha obligado a las naciones a actuar de manera coordinada primero con los organismos internacionales llamados a la materia, como la Organización Mundial de la Salud, y luego entre países que comparten tecnología y coordinan acciones conjuntas porque entienden que el enemigo es uno solo, y es tan poderoso que para tener alguna expectativa de éxito hace falta unir todas las fuerzas.

Eso que es tan lógico en el planeta, resulta que no lo es en nuestro terruño pequeño, minúsculo frente al mundo, mezquino por los gestos hasta ahora advertidos, donde la Alcaldía no coordina con la Gobernación ni el Gobierno central, y estos tampoco con los otros. Los efectos de esa descoordinación no derivan solo en una lucha insuficiente contra el virus, sino principalmente en la generación de más incertidumbre y desconcierto en la población, que ahora, además de estar preocupada por la presencia el virus, se estresa por no saber qué instrucciones debe seguir: si las que dicta el Gobierno central o las que ordena el Concejo Municipal.

El martes, la presidenta del Concejo Municipal, Angélica Sosa, hizo un anuncio anticipado de una ley municipal que aún no había sido tratada ni aprobada. Adelantó que Santa Cruz entraría en una cuarentena total de cuatro días y llamó a los vecinos a abastecerse hasta el miércoles para alimentarse los cuatro días del confinamiento.

El efecto inmediato que provocó en la ciudadanía fue de pánico, y los ciudadanos se agolparon desordenada y masivamente en mercados y supermercados a comprar lo que juzgaron que pudieran necesitar en los días siguientes. En ese cometido, durante varias horas de ese martes miles de cruceños permanecieron estrechamente pegados en los centros de abasto, casi como desafiando al coronavirus, que encuentra en las concentraciones de personas su mejor lugar para saltar de persona en persona.

Más tarde el Gobierno central dictó un decreto con vigencia nacional con medidas que incluyen una cuarentena por horas, entre las 17:00 y las 5:00 horas del día siguiente.

En respuesta, el Concejo Municipal celebró una inédita e inusual sesión cerca de la medianoche para reafirmarse y sancionar la hasta ese momento anunciada ley municipal. Su presidenta desafió al Gobierno nacional y llamó a la presidenta del país, Jeanine Áñez, a “bajar” a coordinar con ella en Santa Cruz.

En ese punto, y con ese penoso detalle de información contradictoria para confusión de la población, se podría advertir que en la actuación de las autoridades pudiera existir también un componente de cálculo político electoral con elementos censurables para tiempos de emergencia, como ciertos gestos de figuración personal.

Ni la ciudad ni el país necesitan hoy esas guerras partidarias ni la expresión de los personalismos. El país necesita estar concentrado en dar batalla a un enemigo invisible y feroz como es el coronavirus. Las autoridades deben postergar sus ambiciones para acompañar a la población en esta batalla larga y compleja.

Comentarios