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El voto informado

Williams Herrera Áñez 21/9/2020 07:29

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El pasado proceso eleccionario se caracterizó por la ausencia de debate político entre los principales candidatos presidenciales, y ahora está a punto de repetirse la historia. Llama la atención este comportamiento político porque no hay nada más saludable y democrático, que la confrontación de ideas entre los aspirantes a ocupar la presidencia del Estado boliviano. Es inconcebible un proceso eleccionario centrado en el bombardeo propagandístico, sin posibilidad de confrontar los diferentes programas y ofertas de los partidos y agrupaciones que buscan la jefatura del Estado.

Al mejor estilo de Evo Morales, que nunca debatió durante los 14 años pasados, sus candidatos han dejado establecido, de entrada, que no asistirán a ningún debate político con sus adversarios. En las filas azules confunden propaganda con debate y aunque ambas figuras son imprescindibles en una contienda electoral, tienen metodologías, formas y efectos distintos.

La propaganda es una forma de comunicación que tiene como objetivo influir en la actitud de una comunidad respecto a alguna causa o posición, presentando solamente un lado o aspecto de un argumento. El debate, en cambio, supone una discusión en la que dos o más personas opinan acerca de uno o varios temas y en la que cada uno expone sus ideas y defiende sus opiniones e intereses.

La confrontación de ideas debe ser entre candidatos, y en territorio neutral como los que organizaba la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia, la Asociación de Periodistas, entre otros. Es curioso que la candidatura azul rechace el debate, cuando se han vanagloriado de ser los únicos que tienen programa de gobierno, y le sobran neuronas para una confrontación de ideas con miras al próximo quinquenio.

El debate no solo apuesta por la legítima competencia entre los candidatos, sino también constituye un derecho del elector al voto informado. El ciudadano necesita no solo que se lo atosigue con propaganda las 24 horas del día sino información completa y oportuna. El debate ahora debió ser desde el principio de la campaña, ya que están prohibidas las movilizaciones y concentraciones masivas, y el ciudadano necesita conocer cuáles son los programas, planes, estrategias, formas y fórmulas de los candidatos para enfrentar y resolver los grandes problemas estructurales del Estado boliviano. Como nunca, abundan los temas que piden a gritos debate de los candidatos.

La sana y necesaria confrontación de ideas se encuentra consagrada en la Constitución (art. 106), cuando proclama precisamente que el Estado garantiza a los bolivianos el derecho a la libertad de expresión, de opinión y de información, a la rectificación y a la réplica y el derecho a emitir libremente las ideas por cualquier medio de difusión, sin censura previa.

Todo esto se puede resumir en la potestad que tienen las personas de: a) Emitir información en general, así como cualquier otra expresión artística, ideas, opiniones; b) A recibir todo tipo de información; c) Y un medio, es decir, una empresa, entendida como una unidad económica encargada de explotar la información, comunicación y la transmisión libre de ideas y opiniones.

Mientras la libertad de expresión tiene por objeto pensamientos, ideas y opiniones, el derecho a comunicar y recibir libremente información versa sobre hechos de interés general. La Convención Americana sobre Derechos Humanos (art. 13.I), proclama que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión y comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.

El derecho a expresarse y a difundir lo expresado está intrínsecamente unido, y cualquier limitación o restricción de estas posibilidades, especialmente tratándose de un proceso electoral, constituye una restricción del derecho a la libertad de expresión. Esta libertad garantiza además la transparencia y la fiscalización del proceso electoral, de modo que los candidatos deben debatir, salvo que se quiera cercenar uno de los derechos básicos del elector como es el derecho al voto informado.