Opinión

¿Elección judicial?

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3 de septiembre de 2017, 6:30 AM
3 de septiembre de 2017, 6:30 AM

Vivimos un tiempo de ‘democraticidio’ (suicidio/asesinato de la democracia); el masismo mayoritario del Congreso Plurinacional impuso a sus candidatos, definiendo en rondas de ‘selección’ primero y luego en ‘sesión electoral nominativa’ a quienes deben participar en lo que yo me permito llamar: acto electoral ratificativo de quienes ya fueron elegidos para participar en el mismo, a cargo del Tribunal Electoral.

Puede parecer caprichosa la definición, y hasta el párrafo anterior, pero no lo es; se trata únicamente de graficar lo ocurrido en la maratónica sesión de 30/31 de agosto, en la que el oficialismo mayoritario impuso la consigna en la elección de ‘sus candidatos’, para que la población los ratifique en la ‘sui generis elección’, en la que nadie puede hacer campaña y no puede haber debates, es decir, donde nadie sabrá de ellos, más que lo que el poder quiera que se sepa.
 
Vimos el proceso de selección, sabemos lo aberrante que fue; el mérito dio paso a la subjetiva valoración de la aptitud, por encima del primer elemento y, además, sabemos que la ‘auto-identificación’ de etnicidad jugó un ‘rol importante’, de manera que no sabemos exactamente por qué decidieron ‘elegirlos’ para que la ciudadanía ratifique a unos y, deje afuera a los otros. Lo patético de esto es que cualquiera puede ser elegido, da lo mismo, eso no importa. No obstante, si acaso importara, para eso está el voto consigna ampliado, es decir, así como se actuó en el Congreso, de la misma manera se actuará en los sectores y aliados del partido gobernante para ‘asegurar’ que los que ellos quieren que estén en el Órgano Judicial, lleguen.
 
No va a haber mucho problema, la oposición y sectores sin partido de la sociedad civil convocarán al voto nulo o blanco, simplemente eso y, el oficialismo lanzará la consigna de votar por fulanos y sutanos y así se hará, igual que en la pasada elección judicial, cuando preguntábamos a los votantes a quién conocían y decían a nadie, pero que ya sabían por quién votar.
 
El vicepresidente García dijo hace menos de un año que la justicia olía a azufre, para dar a entender lo mal que se desempeñaban los que integraban ese órgano tan importante del Estado; seguramente el azufre necesita nuevas víctimas a las cuales intoxicar con las instrucciones del poder político; por eso se repite una elección que demostró no solo no ayudar al mejoramiento de la justicia, sino muy por el contrario, dejarla en peores condiciones.
 
Puede ser que haya algún candidato probo; por qué no, pero será imposible discriminar entre tanta militancia y obsecuencia; además, el mecanismo de elección incluye al probo en la masa amorfa de candidatos a los que no se va a conocer, de manera que, ante la duda, en lo personal creo que corresponde abstenerse y no votar por ninguno, anulando el voto; esa decisión soberana será una pedagogía democrática de no validar un acto que, teniendo todas las características de legalidad, será, sin duda alguna, un ejercicio ilegítimo impuesto por el poder político que hace rato secuestró a los órganos del Estado y los maneja como una oficina del partido. 

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