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“Elegí ser discriminado”

Pablo Mendieta 17/6/2021 05:00

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Según la Real Academia de la Lengua, discriminar es “dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, de edad, de condición física o mental, etc.”.

En lo económico, personas de similares características tienen salarios distintos por cualquiera de esos motivos. En Europa una persona de sexo femenino gana en promedio 14% menos que un varón, diferencia que sube a 22% en el caso de Estonia. En Bolivia, esta brecha podría ser hasta de 50% según una investigación que hice hace un par de años.

Por otra parte, en nuestro país la discriminación racial fue determinante para el reconocimiento de pueblos indígenas en la Constitución. Pese a ello, la brecha todavía está latente: alguien que nació en un hogar donde se habla español ganaría 30% más que uno que no lo hizo.

Frente a una situación de exclusión, los discriminados adquieren gradualmente una consciencia de su condición y comienzan a luchar para revertir esta situación. Eso sucedió con las mujeres sufragistas hace más de cien años, los movimientos por los derechos civiles de los afroamericanos en EEUU, o las marchas indígenas en el país en los noventa.

Ese no es el caso de cientos de miles de personas en nuestro país que reciben un trato desigual e injusto, que optaron por ser discriminados y crear implícitamente o un estado dentro de nuestro país o una Bolivia distinta.

La “Bolivia autoexcluida” recibe un trato desigual.

En primer lugar, gana mensualmente Bs 3.500 por 54 horas de trabajo, mientras que alguien de la “Bolivia visible” percibe Bs 5.500 por el mismo número de horas: más de 35% de diferencia.

Por otra parte, dos de cada tres “visibles” tienen seguro médico a diferencia de los “invisibles”, donde solo uno de cada diez está cubierto bajo el seguro social de corto plazo.

Además, tres de cada cuatro “visibles“ ahorran dinero para su jubilación, mientras que menos del 10% de los “invisibles” aparta algo de su ingreso para la vejez.

En cuarto lugar, en promedio tienen 12 años de escolaridad (título de bachiller), mientras que los “visibles” poseen una licenciatura universitaria (17 años).

Adicionalmente, uno de cada ocho “visibles” es pobre (tiene un ingreso que no es suficiente para vivir), por debajo del pasmoso 25% de pobres de la Bolivia “invisible”.

Finalmente, cada año adicional de educación brinda una rentabilidad por año que es menor. En términos sencillos, si un “visible” estudia un año más tendría en promedio un ingreso adicional mensual de 5%, mientras que si es “invisible”, esa diferencia es apenas 2%.

Estas dos “Bolivias” no están divididas por cuestiones regionales, por aspectos étnicos, ni siquiera por su interpretación de los hechos políticos recientes.

¿Cuál es esa diferencia o ese factor de discriminación? Es la informalidad.

Los “invisibles” prefirieron apartarse de la legalidad y experimentar este trato desigual. No lo hicieron por gusto, sino por necesidad.

En el caso de los emprendedores “invisibles” es porque ser formal implica: i) más de 1.000 horas al año para pagar impuestos; ii) en los primeros años, un aporte impositivo de más de 80%; y, iii) pagar más de 40% por encima del salario como contribución social por cada empleado que contrata.

En el caso del trabajador la razón es más sencilla: su bajo nivel de preparación no le permite entrar a la Bolivia formal, mientras que en la “invisibilidad” puede tener un trabajo, pero ningún derecho mínimo para cuidar su seguridad laboral, sanitaria y tener una vejez digna, pese a que las leyes así lo establecen.

Se dio un paso importante al cerrar la brecha indígena con su reconocimiento constitucional. La brecha regional todavía está pendiente en su efectivización mediante las autonomías.

Pero, sobre todo, falta unir a estas dos “Bolivias” que conviven de forma abigarrada.

Para ello, se requiere reconocer las raíces verdaderas del problema y aplicar políticas que, en lugar de quitar derechos, los efectivicen para todos aquellos que eligieron ser discriminados.

*Pablo Mendieta es Economista

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