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El Día de la Madre en nuestro país se festeja el 27 de mayo gracias a una ley del 8 de noviembre de 1927. La fecha fue escogida en homenaje a unas valientes mujeres cochabambinas que, según la historia, se unieron en armas para derrotar el dominio español. Algunos historiadores relatan que los españoles llegaron a saquear Cochabamba irrumpiendo en todos los hogares y, ante ello, las mujeres salieron y unieron sus voces gritando: “¡Nuestro hogar es sagrado!”. Los pocos hombres de aquel momento optaron por negociar la vida a cambio de la esclavitud, pero ellas no aceptaron y prefirieron arriesgar la suya luchando antes de ser ultrajadas como esclavas. 

Esta fecha -antes que ternura o bondad- debe recordarnos el coraje, la valentía y la decisión que tuvieron aquellas madres de no doblegarse ante el violento destino que les deparaba. Hoy es cuando debemos reconocer que una madre decidida -sola o acompañada- puede contra cualquier adversidad. No importa qué tan complicado sea el sacrificio que deba tomar, ella no es un ser débil, pues Dios la eligió para dar vida a otro ser y si puede dar vida, puede con todo. La tradición decía que la madre debía quedarse en casa a cargo de los hijos y los quehaceres del hogar; hoy los tiempos rompen ese antiguo paradigma, pues la madre se destaca dentro y fuera del hogar formando hijos no solo con consejos, sino también con el ejemplo de esfuerzo y dedicación en la lucha por metas profesionales y laborales. 

El sacrificio de la madre es notorio desde que el hijo se forma en el vientre, pues a partir de ese momento su cuerpo sufre cambios, seguidos de dolores e incomodidades que probablemente ningún hombre aguantaría. Luego viene el parto, la lactancia, los desvelos, los primeros pasos y así vamos sumando toda aquella tarea titánica de ese ser maravilloso que Dios nos regaló. Muchas veces los hijos olvidamos que gracias a ella dimos los primeros pasos, aprendimos a caminar, a caer y a levantarnos. Gracias a ella hoy estamos aquí. Para una madre un hijo hecho hombre, por más reconocido y abanderado que sea, siempre será aquel bebé que un día alzó en brazos. Hoy y siempre, ¡feliz día, mamá! 

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