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18 de agosto de 2017, 4:00 AM
18 de agosto de 2017, 4:00 AM

¿Podrá descansar en paz Eliana Flores Bedregal? ¿Cómo quedarán los espíritus que lucharon en esta tierra por un ideal, por un mundo mejor y de pronto miran desde lejos que todo está peor? ¿Se sentirá derrotada después de décadas de intentar concientizar a los bolivianos sobre la importancia de la biodiversidad?

Eliana (1954) fue la tercera de cinco hermanos que, de una u otra manera, dedicaron sus talentos a la defensa de los más pobres y al cuidado de la naturaleza para ofrecer a esos desheredados de la tierra la oportunidad de un progreso sostenible, sin caer en los extremos consumistas.

Egresada del colegio Santa Teresa, fue una de las primeras mujeres en titularse en la famosa carrera de Biología de la Universidad Mayor de San Andrés, que dio una brillante generación. Ocupó la dirección del Museo de Historia Natural. Gracias a su empeño, el pequeño repositorio pasó a ser un centro de visitas estudiantiles y profesionales porque presentaba colecciones de flora y fauna, bajo cuidados registros y catálogos. Similar dedicación demostró como directora de Vida Silvestre en el Ministerio de Medio Ambiente.

Posteriormente cursó nuevos estudios en Estados Unidos y junto con su esposo Carlos Capriles investigaron, fotografiaron y publicaron libritos didácticos y baratos sobre las aves en Bolivia, en La Paz, en los alrededores citadinos. Tan sencillos que libro en mano uno puede recorrer Huajchilla y encontrar en los ramales los animalitos de las fotos: tangaras, insectívoros, colibríes arco iris, zarzales, calandrias o gorriones. 

Aumentó sus catálogos con más de 700 aves en la Amazonia, caminando por aquellos parajes que seguramente sus hijos ya no verán, menos sus nietos. Junto a su hermana Olga asumió la necesidad de luchar para difundir la importancia de los bosques, de los espacios donde se encuentran las fuentes de agua, de la vida clara y cantarina, que ya no tendrá el Tipnis.

También caminó hacia el otro extremo del país, cerca de Potosí, Toro Toro, ese extraordinario rincón patrio donde también se encuentran restos únicos de flora y fauna y fundó un club infantil para que los pequeños sepan defender las aves en riesgo de desaparecer. 

Fue una de las pioneras voces, quizá la primera, en alertar al país de la belleza de Laguna Colorada y el peligro de su evaporación.

Mientras los originarios del Parque Tarquía denuncian la exploración petrolera en su territorio. El fin de la biodiversidad que ella tanto protegió se acerca sin pausa y con mucha prisa.

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