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Élites cruceñas, hegemonía y federalismo

10/3/2020 03:00

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Por: Juan Pablo Marca

En estas elecciones no están en disputa dos proyectos de Estado, sino básicamente quién manejará el Gobierno en los próximos cinco años. En Santa Cruz todavía no se plantea un modelo de Estado federal, incluso las alianzas de Jeanine Añez y Luis Fernando Camacho no hablan de federalismo en sus programas de gobierno. El mismo Camacho en una entrevista en Red Uno indicaba que no plantearía el federalismo, desoyendo el mandato del cabildo de octubre del año pasado. Lo cual muestra que las élites de Santa Cruz, están apostando básicamente a tomar el poder central, en vez de sentar las bases discursivas de una reforma federal.

En este punto, quizás el prejuicio que sufre el concepto de federalismo como sinónimo de separatismo, idea trabajada desde el centralismo paceño, pasa nomás su factura. En este contexto, las élites cruceñas no están dispuestas a arriesgar la gran oportunidad de tomar el gobierno central. Entonces, hablar de federalismo no es políticamente correcto para la toma del Estado central para ellas. No tienen el valor histórico de asumir ese horizonte en el debate político y se quedan con la idea de la profundización del proceso autonómico, en términos de lo políticamente correcto.

Por otro lado, es bueno precisar que en Santa Cruz existe una relativa disputa entre sus élites políticas con las candidaturas de Jeanine Añez y Luis Fernando Camacho, quizás una más allegada a los Caballeros del Oriente y otra a los Toborochis -rivalidad que podría zanjarse con la negociación de quién toma el Municipio o la Gobernación-, pero que al final podrían pactar con el próximo gobierno, sea quien sea, y estas a su vez con el gran empresariado cruceño.

En este contexto, hoy por hoy, un discurso federalista en estas élites no es coherente, el cual se manejaría si sus intereses estuvieran en peligro. Como ocurrió entre 2003 y 2008 con el discurso de la autonomía, más allá de su legitimidad como demanda; sirvió para que las élites cruceñas negocien la posesión de sus medios de producción frente al gobierno del MAS. En ese escenario, la discusión de una reforma federal tendrá que ser articulada, de una manera más integral, para los próximos años desde los sectores populares, pueblos indígenas, jóvenes de las clases medias urbanas, etc.

Evidentemente una reforma federal como tal, tomará su tiempo y su debate no debe agotarse únicamente a una discusión sobre la estructura administrativa del Estado, sino a discutir el modelo de democracia, el modelo de representación de los pueblos indígenas, que garantice otras formas de representación política y que dejen de lado la forma clásica del monopolio de los partidos políticos, sino fundamentalmente en cómo garantizar el respeto al medio ambiente y la madre tierra frente al modelo desarrollo económico extractivista vigente, entre otros puntos.

Para concluir, es preciso manifestar que en estas elecciones se definirá, únicamente, el cambio de una hegemonía dentro de la misma forma estatal, en el caso de que en una primera vuelta Jeanine Añez gane a Carlos Mesa y que posteriormente en una segunda vuelta ella gane a Luis Arce. Entonces, en ese contexto en estas elecciones se definirá de manera general si la hegemonía cruceña o la hegemonía paceña tiene más consenso en el electorado boliviano.

No es una disputa entre una hegemonía “india” y una hegemonía “blanca”, como el MAS intenta hacer creer a su electorado. Por las propuestas de gobierno que tienen tanto el MAS, Comunidad Ciudadana y Unidos están en disputa quien manejará la actual forma estatal. En adelante tendrán que ser los jóvenes que irrumpieron desde el 21F, los pueblos indígenas de tierras bajas y altas, los sectores populares del Plan 3000 y El Alto, los intelectuales de las universidades y ONGs, etc., quienes disputen otra forma de articulación del Estado, la sociedad y la economía en Bolivia.



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