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3 de abril de 2018, 4:00 AM
3 de abril de 2018, 4:00 AM

La conciencia moral es la autoridad interior que se manifiesta perceptiblemente en todo ser humano, como una voz en diferentes vertientes de sus actos para avisarle lo que debe y no debe hacer, sucede antes de la acción ya que cuando está realizada, emerge con voz laudatoria (premio), o condenatoria(arrepentimiento agobiante).

Es elocuente la dolorosa falta de solidaridad, de caridad y de sensibilidad frente a los discapacitados, ya sean del orden físico, sensorial o intelectual. No es extraño ni poco frecuente que estas personas sean arrolladas por gente que se cruza a la acera del frente para evitarlos hasta llegar al triste y limitado nivel de dignidad de no saber realmente cómo actuar o intervenir con naturalidad frente a ellos.

La sillas de ruedas para que las personas con desplazamiento o movilidad reducida, ancianos o embarazadas, puedan utilizar sitios adecuados; empero, lo más probable es que estos espacios estén ocupados por gente indolente que cierra o torva los ojos, les ignoran o, mejor, miran su celular, porque no quieren mirar en la cara a un discapacitado.

Sería ideal y de un grado superior de elevación de los humanos que nos detengamos a pensar cómo será la escalera que utiliza el discapacitado y cómo están los carteles de preferencia o cómo podría deambular por las calles y en el transporte público si no hay rampas o asideros de seguridad.

Así la gente se aleja del problema, así nada se piensa y poco se hace, a pesar de la activa comunicación entre las personas que no fueron tocadas por esa desgracia, tanto en el hogar como en el trabajo o la calle. Tal vez, si existiera un programa obligatorio de educación, los niños valorarían tener piernas, lo que supone no ver nada o cómo estudia un niño o niña  que no escucha.

El problema no reside o no lo identificamos ahí, pues se dispone de, pero la sociedad nunca se ha detenido para hacer aflorar su conciencia moral y enseñar al prójimo el significado exacto y puntual de tener capacidades diferentes. 

Solamente aprenden y actúan diferente los que vivieron una situación que les llegó al corazón. Si lo descrito se enseñara y educara 
en la escuela, entonces se producirá el punto de inflexión y se tendrá niños, jóvenes y adultos comprometidos, capaces de ser sensibles y ayudar.

No debe ignorar que la conciencia moral, cuya voz se hará sentir y nos recordará que todos estaremos incapacitados alguna vez.

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