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Unas buenas amigas me alegraron el día con un presente inesperado, que a la vez era un mandato: una pluma color rojo escarlata con un mensaje escrito en tinta negra que decía: “Es necesario y urgente emplumarse contra la gente que promueve la injusticia, la violencia, el desorden; contra los poderes que nos quitan nuestros derechos, contra el abuso en general de gente que perdió el sentido de vivir en comunidad, de respetar y compartir la ciudad. Es necesario ser mujeres emplumadas que hacen, dicen, escriben con pasión, irreverentes a esos poderes hegemónicos políticos, gremiales, grupos de poder absoluto y corrompidos absolutamente. Emplumarse contra el vacío y la indiferencia, ante el avasallamiento de la ciudad que amamos y que necesita urgente del sentido de pertenencia ciudadana...”

Se ha hecho una pésima costumbre sentarnos, como las ranas, a croar encima de tantas piedras que dificultan el ordenar una ciudad como Santa Cruz de la Sierra y decir con total desparpajo: “Es culpa de las autoridades”, y mejor si le aumento: “autoridades corruptas, ineptas, incapaces, etc.” para dejar sin autoridad de mando a este pueblo; mejor si aplaudo a cualquier ‘Chapulín Colorado’ que aparece con la viveza criolla atendiendo el llamado de ¿y ahora quien podrá defendernos? Con un “Yo”. El yo más largo y ególatra que los 3.000 caracteres con espacio de este artículo. Politiquería y escándalo, para tener cobertura de medios que viven del sensacionalismo.

La ciudad no es de los gremios, ni de los grandes, ni de los medianos ni de los pequeños. Es de todos. Y Santa Cruz necesita sus espacios públicos, sus veredas, sus parques, sus calles libres de ambulantes, de transporte desordenado, viejo, cacharro, contaminante. Santa Cruz debe cumplir su función de casa común, sana y ordenada. Aquí circulan más de 40.000 movilidades (públicas y privadas) y esa cantidad se duplica cada día con el transporte interprovincial. Solo falta que tengan paradas en las ancas del caballo de Ignacio Warnes, en la plaza de armas.

Se han distribuido más de 25.000 puestos en los 68 mercados de la ciudad y los beneficiados siguen dejando sus puestos, inscribiendo a más “socios” y tomando la ciudad. Sí, hay pobreza; sí, la economía informal es la alternativa al desempleo y a la delincuencia, pero Santa Cruz capital necesita orden, no chapulines.

La ciudad no es un negocio redondo, es nuestra casa común. Si el fin de la política fuera el poder y los negocios, le aconsejaría a Percy Fernández: “Oiga alcalde, nadie le va a reconocer, no ordene, va a perder votos de los desordenados y la clase media solo lo va a criticar; déjele eso a las ONG o a los muchachos. Usted qué hace en su casa de hace años, hágase una mansión de un millón de dólares o mejor si de dos, cómprese un avioncito, una casa en Miami, alcalde... no sea opa”.

Hasta nuestras cooperativas de servicios públicos ojalá, no todas; andan mal. “Oí camba ¿estás dormido?”.

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