31 de mayo de 2024, 4:00 AM
31 de mayo de 2024, 4:00 AM

En un giro inesperado, el Gobierno boliviano parece haber reconocido finalmente la importancia de los empresarios, los bancos y los inversionistas como actores clave en el suministro de dólares y combustibles, elementos críticos de la estabilidad económica del país. 

Este cambio de énfasis, aunque tardío, se produce después de más de 16 años de políticas que no sólo descuidaron, sino que suprimieron activamente la inversión nacional y extranjera. Durante este período, la creación de empresas estatales y la introducción de un mercado que favorecía a las entidades públicas en detrimento del sector privado fueron la norma, creando un ambiente hostil para los emprendimientos.

Las recientes declaraciones del ministro de Economía sobre la necesidad de incrementar las exportaciones, particularmente de soya, por el flujo de dólares, revelan una perspectiva que, aunque prometedora, está llena de contradicciones y desafíos. Los productores soyeros, por ejemplo, llevan años pidiendo el uso de la biotecnología y la seguridad jurídica de sus tierras, demandas que, sin embargo, han sido en gran medida ignoradas. Y la ‘liberación de las exportaciones’ anunciada por el Gobierno no fue más que una medida superficial. Como señaló en febrero el presidente de Cadex, esta liberalización no es completa y ha simplificado las autorizaciones de algunos productos solo por un año. Se trata de un paso muy pequeño.

La situación actual requiere que el Gobierno boliviano reevalúe su relación con el sector privado. Es importante que se implementen políticas que fomenten la inversión en el país. No se trata sólo de eliminar obstáculos burocráticos y regulatorios, sino también de crear un marco legal que ofrezca seguridad y confianza a los inversores. La competencia entre los sectores público y privado debe ser justa e igualitaria, fomentando un mercado en el que ambos puedan prosperar sin privilegiar a uno sobre el otro.

Asimismo, no se puede subestimar el papel de los bancos y los inversores en este nuevo enfoque. Proporcionar las condiciones para captar dólares y revisar el tipo de cambio fijo. Los bancos deben operar en un entorno de estabilidad y previsibilidad, donde las políticas monetarias y financieras gubernamentales no sean un obstáculo sino más bien un apoyo. Los inversores nacionales y extranjeros, a su vez, necesitan garantías de que su capital esté protegido y de que puedan lograr utilidades. 

Otro tema crítico es el suministro de combustible. La dependencia del país de las importaciones de gasolina y diésel se puede reducir y el sector privado puede desempeñar un papel crucial aquí si se le brindan los incentivos adecuados para desarrollar proyectos sostenibles a largo plazo, pero también la posibilidad de importar y vender combustibles a precio competitivo como ya sucede en Paraguay y Venezuela. Esto dejaría de ‘desangrar’ las reservas internacionales.
Es esencial que el Gobierno boliviano dé un paso claro y decisivo para apoyar a los empresarios. Esto no sólo ayudará a reactivar la economía, sino que también generará los recursos necesarios para abordar los desafíos sociales y económicos del país. El diálogo abierto y constructivo con los inversionistas, la adopción de políticas verdaderamente favorables y la creación de un entorno propicio para la inversión son pasos fundamentales.

El momento de este cambio es ahora. El Gobierno debe demostrar con acciones concretas, no sólo palabras, que está dispuesto a trabajar de la mano con los empresarios por el bien del país. Hoy más que nunca, porque ha puesto en sus hombros la fuente para que ingresen dólares y se solucione la escasez de combustibles.