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Un informe del suplemento Económico de EL DEBER en la edición del reciente domingo reveló que en 2018, un año antes de la caída de Evo Morales, las empresas estatales sufrieron una caída en sus utilidades de 52,16 por ciento en comparación con 2014, cuando alcanzaron su máxima ganancia.

Contrariamente a lo que afirma el discurso político del actual Gobierno, que responsabiliza de la crisis de las empresas estatales al Gobierno de transición, en realidad la caída de ingresos de las empresas estatales comenzó en 2015 cuando, de tener unas utilidades de Bs 7.371 millones un año anterior, la cifra cayó a Bs 1.767 millones.

En 2016 el desplome fue aún mayor hasta alcanzar el tope inferior de Bs 939 millones. En 2017 las utilidades fueron de Bs 1.725 millones.

Los datos están contenidos en la Memoria de la Economía Boliviana de 2018, que recoge las estadísticas de las empresas estatales YPFB, Entel, ABE, ASPB, BoA, DAB, Comibol, Cofadena, TAB, ENDE, EMV, Banco Unión, Mi Teleférico, Sabsa, Bolivia TV, EBA, Lacteosbol y EBC.

Sin embargo, a pesar de que en el balance global existieron utilidades, bajas pero utilidades al fin, lo concreto es que solo unas pocas empresas del Estado dieron réditos, entre ellas YPFB, pero varias otras de reciente creación y sin mayor sentido de operación, registraron pérdidas incluso durante los años de Gobierno de Evo Morales. Así, el ingreso de unas sirvió para cubrir las pérdidas de las otras empresas estatales.

Entre las empresas que durante la gestión de Morales reportaron pérdidas están seis dependientes del Servicio de Desarrollo de las Empresas Públicas Productivas (Sedem). Hasta 2019, con Morales en el poder, esas compañías estatales dieron ingresos por Bs 145,8 millones y gastos por Bs 558,9 millones, es decir, registraron pérdidas por Bs 413,1 millones.

Esas compañías son la Empresa Estratégica de Producción de Semillas, Cartonbol, Ecebol, Empresa Estratégica de Producción de Abonos y Fertilizantes y Papelbol.

Hace pocos días el Gobierno anunció que se invertirán nuevos recursos para reactivar esas empresas deficitarias, las que -dijeron- fueron mal administradas por la gestión de transición.

Todo indica que así ocurrirá y por tanto el Estado boliviano habrá retomado la senda de destinar parte de los recursos públicos a la creación de empresas sin sentido productivo, sin posibilidades de rentabilidad, como ya se ha demostrado en los años de gobierno del Movimiento al Socialismo.

Ni siquiera la experiencia de esos años, en que se vio que el Estado no es un buen empresario, parecen convencer a las autoridades de que crear empresas por crearlas no es un buen negocio. No solo es la inversión en el equipamiento, sino después vienen los costos mensuales en personal, servicios e insumos, que hacen aún más costosa la operación.

Esas empresas no tienen capacidad para autofinanciar sus operaciones y requieren de la permanente inyección de recursos del Estado para continuar en pie. En tiempos de aguda crisis como la que se vive en el país en estos meses, es un contrasentido que se destine fondos a esos emprendimientos sin éxito, cuando podrían utilizarse en la salud o en iniciativas que promuevan auténticamente la reactivación de la economía. Continuar en la misma línea es tirar dinero al fuego en momentos en que hay otras necesidades más apremiantes.

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