Opinión

En 2011 como en 2019, marchan por su territorio

El Deber 25/9/2019 04:00

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Ocho años después de la Octava Marcha Indígena, que fue reprimida en la localidad de Chaparina, los pueblos originarios de tierras bajas, ahora son protagonistas de otra movilización.

En 2011 caminaron durante más de un mes en defensa del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis); ahora lo hacen en defensa del territorio chiquitano, que ha sido devorado por las llamas. Los pueblos indígenas del oriente no tienen el mismo peso que los de occidente.

En 2011, un día como éste, mientras la marcha avanzaba rumbo a La Paz, sus protagonistas fueron salvajemente reprimidos. Policías fuertemente armados con equipos antimotines, no solo les rociaron gas, también los golpearon, los maniataron, los amordazaron y los sacaron del campamento que habían armado para descansar de una larga caminata. Los trasladaron en buses a un aeropuerto donde los tenían encerrados y fue la población civil la que ayudó a liberarlos.

Ese era el trato que los pueblos originarios de tierras bajas recibían del Gobierno que había dicho que los defendería por siempre. Tras semejante represión, nadie en el Poder Ejecutivo asumió la responsabilidad, a pesar de ser evidente que el hecho había sido planificado, que hubo presupuesto para alquilar los buses utilizados y comprar la cinta masking que se empleó para amordazarlos. La excusa fue que se había roto la cadena de mando.

El entonces ministro de Gobierno renunció y terminó premiado con un cargo diplomático en las Naciones Unidas, mientras que la culpa fue diluida entre mandos medios policiales.

Las organizaciones indígenas fueron divididas y hoy existen las que son afines al Gobierno y las otras que se denominan orgánicas.

Este año hay otra marcha. Los pueblos indígenas del oriente se vuelven a unir por la Chiquitania. Piden que el Gobierno declare desastre nacional por los incendios de los bosques, pero también denuncian que desde el Estado central se ha titulado más tierras a favor de campesinos colonizadores, muchos de ellos llegados desde las zonas andinas, que a favor de los pueblos originarios de tierras bajas, que son los que viven ancestralmente en esos espacios.

La marcha indígena avanza penosamente hacia Santa Cruz. La pobreza es su compañera, sus integrantes carecen de abrigo para protegerse durante la noche y de zapatos que les cubran los pies frente a las piedras del camino.

Hay niños, hay mujeres y hay hombres que apuestan a que su voz sea escuchada y que se revise el régimen de distribución de la tierra.

En suma, ellos tratan de existir para el Gobierno y para todos los habitantes de Bolivia, a fin de que les den condiciones para mejorar su calidad de vida, ya que en sus comunidades reina la pobreza, falta el agua, se quemaron sus cultivos y además van siendo arrinconados por asentamientos que sí reciben los favores del poder.

Los pueblos que marchan son los primeros habitantes de esta tierra del oriente.

Ellos están defendiendo su territorio y claman por respeto. Que su movilización sirva para que, ahora y siempre, su voz sea escuchada por el país. Que el recuerdo de la represión de Chaparina quede como el ejemplo de lo que nunca más debe ocurrir en Bolivia.

Ya es tiempo de que su realidad mejore, como ellos mismos esperan desde la primera marcha en la década de los 90 del siglo pasado.

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