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En busca de la resiliencia

Pablo Mendieta 24/12/2020 05:00

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Hace un año me equivoqué: descalifiqué 2019 en términos económicos debido a la desaceleración del crecimiento en el país y la recesión latinoamericana, además de la mayor conflictividad social. Utilicé la palabra latina horribilis.

Pero 2020 podría ser calificado, por lo menos, como el año de las tinieblas o annus tenebris. No necesito recordar por qué ha sido la gestión más angustiante en los últimos 70 años en varias dimensiones.

En todo caso, me preocupa más 2021 pues requeriremos muchísima resiliencia, que según la Real Academia de la Lengua es la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.”

Y para adquirirla, parto con la premisa de que debemos dejar de lado las tres características que perturban las buenas políticas públicas, ideología, ignorancia e inercia, según los premios Nobel de economía 2019 Esther Duflo y Abihit Banerjee.

La ideología, aunque válida, nos juega malas pasadas si es que distorsiona la percepción de la realidad. Por ejemplo, en un campo totalmente distinto, el fútbol, tengo varias amistades que no pueden ver la situación objetiva de su equipo porque están cegados por el fervor hacia su plantel deportivo. Inventan excusas, no ven las oportunidades de mejora, no plantean nuevas alternativas y sólo repiten obviedades.

Estamos casi como las contendoras de la actriz Sandra Bullock en su rol en “Miss Simpatía”, que frente a la pregunta de qué necesita la sociedad respondían automáticamente “paz mundial”, mientras que la actriz era más directa pidiendo “penas más duras para los violadores”.

En el ámbito económico nos pasa algo similar. Las ideologías nublan nuestro análisis y nos conducen a repetir sin pensar diagnósticos y recetas que no se apegan a nuestro contexto. Erramos al considerar que la realidad es la que se equivocó, en vez de nuestros marcos mentales de análisis que, aunque podrían ser correctos bajo determinadas condiciones, distan de ser pertinentes para las necesidades actuales.

Hacemos que la discusión económica parezca una pelota de tenis que va de un extremo al otro sin anotar ningún punto. De hecho, en este año que acaba vimos como la disputa entre los órganos ejecutivo y legislativo anteriores acabo por sepultar cualquier propuesta de recuperación.

Sin un diagnóstico acertado y propuestas pertinentes, 2021 podría ser más bien otro año para el olvido, si es que no planteamos medidas concretas para que más de medio millón de trabajadores y emprendedores afectados por la pandemia pueda recuperar sus fuentes de ingreso.

Respecto a la ignorancia, requerimos de políticas públicas que tengan el fundamento técnico adecuado para mejorar la situación del país.

Por ejemplo, me llama la atención que en la discusión pública del impuesto a las grandes fortunas no hayamos visto el análisis más básico del caso. Hace dos semanas, un comité de alto nivel en el Reino Unido entregó su informe técnico al respecto destacando las que serían las condiciones para que sea apropiado: i) que recaude un monto importante; ii) que no genere efectos colaterales negativos; iii) que sea justo desde el punto de vista de equidad horizontal y vertical tributaria; iv) que sea difícil de evadir; y, v) que sea mejor que las alternativas. No vi esos elementos en el debate.

Finalmente, la inercia será “hacer las cosas distintas para obtener resultados diferentes”. La cotidianidad de las acciones hará que repitamos errores y no podamos reencauzar el desarrollo económico y social perdido. Sin una actitud de “pensar fuera de la caja” o de manera distinta, sólo perpetuaremos las actuales condiciones.

Si bien nos gustaría que el 31 de diciembre termine la pesadilla, todo indica que varios elementos que nos acongojaron este año persistirían. Por eso, frente a la caída de más de 8% del PIB en el año que acaba, incluso más de un 5% en 2021 es pesimista porque sería apenas llegar al nivel de 2017.

Trabajemos pues de manera específica para remover esas tres taras y adquirir resiliencia.



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